democraciaAbierta: Opinion

AMLO: voluntad de transformar, no de gobernar México

Si el objetivo de gobernar es dar respuesta a demandas sociales, el objetivo de transformar es encontrar un lugar en la historia. Inglés.

Alejandro García Magos
14 May 2020
www.cronicaenlinea.com

“Con base en lo logrado buscaremos emprender una transformación pacífica y ordenada, sí, pero no por ello menos profunda que la Independencia, la Reforma y la Revolución; no hemos hecho todo este esfuerzo para meros cambios cosméticos, por encimita, y mucho menos para quedarnos con más de lo mismo" -Andrés Manuel López Obrador. Junio 28, 2018

En su discurso de cierre de campaña durante las elecciones presidenciales mexicanas de 2018, cuando su victoria era ya casi segura, Andrés Manuel López Obrador (AMLO por sus iniciales) prometió que su gobierno se embarcaría en la “Cuarta Transformación de México.” Las otras tres supuestamente habrían sido la Guerra de Independencia (1810-1821), la Guerra de Reforma conservadora-liberal (1857-1861), y la Revolución Mexicana (1910-1920).

Han pasado dos años desde entonces, y la etiqueta de “Cuarta Transformación” ha demostrado ser parcialmente adecuada, pero por las razones equivocadas. Como presidente, AMLO ha mostrado menos interés en gobernar el país que en transformarlo. Esto no es una y la misma cosa. Si el objetivo de gobernar es dar respuesta a demandas sociales, el objetivo de transformar es encontrar un lugar en la historia.

Los políticos que participan activamente en el gobierno de sus países deben enfrentarse con el principio económico más básico: vivir en mundo de escasez. Esto significa que necesitan equilibrar sus promesas electorales populistas con recursos presupuestarios limitados. Una forma de hacerlo es priorizando las demandas sociales de acuerdo con su nivel de urgencia y rentabilidad electoral. AMLO no es una excepción a este respecto.

Lo que distingue a AMLO de otros políticos es que sus proyectos de infraestructura y bienestar no deben verse simplemente por lo que son: respuestas limitadas del gobierno a demandas sociales específicas.

En sus primeros dieciocho meses en el cargo, ya ha reasignado grandes cantidades de dinero público a proyectos de infraestructura —por ejemplo una nueva refinería de petróleo en su estado natal de Tabasco— y programas de bienestar para beneficiar y expandir su clientela política —por ejemplo Jóvenes Construyendo el Futuro, un programa de transferencias monetarias condicionadas para jóvenes desempleados.

Lo que distingue a AMLO de otros políticos es que sus proyectos de infraestructura y bienestar no deben verse simplemente por lo que son: respuestas limitadas del gobierno a demandas sociales específicas. En cambio, deberían interpretarse como signos de que su "Cuarta Transformación" está avanzando.

Transformar un país es una tarea más benigna para los políticos que gobernar porque los libera de la ley de hierro de la escasez. En tiempos de transformación, los políticos se colocan en un momento y lugar donde todo necesita ser rehecho y, por lo tanto, los recursos abundan de repente. Esto nos recuerda el eslogan de Chile durante su recuperación tras el terremoto de Valdivia en 1960: “Porque nada tenemos, lo haremos todo.” México en este momento también se está recuperando de un terremoto, del tipo electoral.

En 2018, el sistema de partidos vigente desde 1991 colapsó, enviando ondas de choque en todo el país. Consciente de esta situación, AMLO no escatima en gastos para establecer un nuevo orden político: durante su primer año en el cargo gastó la mitad de los ahorros del gobierno federal acumulados en los últimos 20 años en el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios.

Debido a que AMLO está más preocupado por transformar el país que en gobernarlo, algunas de sus decisiones políticas pueden parecer extrañas desde lejos. Tomemos, por ejemplo, la cancelación en 2018 del parcialmente construido Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en Texcoco.

La transformación que AMLO está vendiendo es una utopía: un lugar que nunca se encontrará pero por el que vale la pena luchar. Al hacerlo, nos redimimos.

Conocido comúnmente en la prensa simplemente como Texcoco, en ese momento era el proyecto de infraestructura más grande de América Latina y el proyecto emblemático del expresidente Enrique Peña Nieto (2012-2018). A pesar del apoyo público para completar el proyecto, AMLO decidió cancelarlo un mes antes de asumir el cargo en base a un dudoso referéndum, en el que participó menos del uno por ciento del electorado. Al hacerlo, su gobierno entrante asumió todas las pérdidas de inversión y asumió una deuda masiva que utiliza los impuestos aeroportuarios como garantía para pagarla.

Durante los próximos 20 años, los viajeros que vayan y vengan de la Ciudad de México pagarán por un aeropuerto que nunca se completará. En muchos círculos se acepta ahora que esta decisión descarriló las perspectivas económicas del gobierno de AMLO al llevar la confianza de los inversores en el país a mínimos históricos.

Financieramente catastrófica como lo fue, AMLO ha presentado la cancelación de Texcoco como una prueba palpable de que la transformación del país está en marcha. Una victoria épica contra sus enemigos: neoliberalismo y corrupción. Quizás épica, pero dada la escala masiva y el costo de Texcoco, también pírrica y quijotesca. Pero, de nuevo, en momentos de transformación lo que importa es el aquí y el ahora, y hacer las cosas diferentes independientemente del resultado. “Juntos haremos historia” fue el eslogan de la campaña de AMLO, y él está cumpliendo. En su “Cuarta transformación,” diferente es bueno y señala la historia en ciernes.

La transformación que AMLO está vendiendo es una utopía: un lugar que nunca se encontrará pero por el que vale la pena luchar. Al hacerlo, nos redimimos. Al igual que su pariente más mayor, las Revoluciones, las transformaciones son procesos abiertos que pueden continuar indefinidamente, acercándonos cada vez más a una nueva sociedad que ni nosotros ni nuestros hijos veremos jamás. Muchos participan con entusiasmo en esta transformación mexicana, otros simplemente se dejan llevar.

En cualquier caso, es sólo cuestión de tiempo para volver a topar pared con la escasez. El tiempo corre para la “Cuarta Transformación.” Para ganar más tiempo, AMLO insiste en llevar a cabo una consulta de revocación de su mandato en 2021 con la esperanza de mantener vivo el impulso de su victoria electoral de 2018. Pase lo que pase, y más temprano que tarde el país se despertará y las noticias serán impactantes: la transformación que AMLO prometió está marchando victoriosa, y qué mejor prueba de esto que el rastro de destrucción que va dejando en la infraestructura y las finanzas de la nación.

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