Muchos han comparado al todavía presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, con el ex presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. En particular, en estas últimas semanas se discutió la posibilidad de que el primero emulara al segundo y desconociera los resultados de las elecciones presidenciales del pasado 30 de octubre. No obstante, dicha posibilidad parece haber sido del todo desactivada.
Hemos visto a muchos partidarios de Bolsonaro ocupando las calles, intentado deslegitimar políticamente las elecciones y a su adversario, el hoy presidente electo Lula da Silva, y reclamar abiertamente la intervención de las fuerzas armadas. Mientras tanto, Bolsonaro ha permanecido oculto y en silencio, y sigue sin reconocer explícitamente su derrota, aunque autorizó expresamente el inicio de la transición política, dando así por buenos los resultados del 30 de octubre.
Llama la atención, sin embargo, ver que la comparación entre Bolsonaro y Trump pone énfasis en que son políticos de ultraderecha, como si ahí estuviera una clave sobre su rebeldía frente a la autoridad electoral y su deseo de socavar la voluntad popular. La prensa en inglés en particular ha descrito a Trump como el genio malvado que inventó el no reconocer una derrota electoral, y a Bolsonaro como un aprendiz de brujo de los trópicos.