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Colombia no deja, y no dejará, de marchar

Después de 16 días de paro dos cosas quedan claras: A Iván Duque se le fue el país de las manos y es imposible ignorar la ruptura social por más tiempo

Colombia no deja, y no dejará, de marchar
Policía del Esmad con manifestantes de fondo en Santa Marta, Colombia. | Gus Peppervisuals.
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En Latinoamérica el fútbol es rey. Poco, si acaso nada, une al pueblo del Sur como el culto a ese deporte en el que 11 jugadores definen la vida en 90 minutos. El 12 de mayo, sin embargo, esa historia cambió. En medio de las protestas que vive Colombia, se jugó el partido de la Copa Libertadores entre el Junior (equipo colombiano) versus el River Plate (equipo argentino). A los dos minutos de haber comenzado el partido, Leonardo Ponzio, mediocampista de River, se detuvo con el balón en la mitad de la cancha y oyó, como todos los presentes, una explosión seguida por una ráfaga de disparos. Minutos después, los gases lacrimógenos invadieron el campo de juego hasta tal punto que el partido se interrumpió. La misma historia se repitió la noche del 13 de mayo cuando el América de Cali se enfrentó al Atlético Mineiro, equipo braisleño. El partido tuvo que ser parado seis veces e incluso fue suspendido una vez porque los jugadores tuvieron que abandonar la cancha por la filtración de gases lacrimógenos en el estadio; gases que la Policía estallaba afuera del estadio, contra los manifestantes.

Los barranquilleros, habitantes de la ciudad donde se jugaron los partidos, no se quedaron quietos: salieron a manifestar su descontento frente al autismo de un partido que no se debió haber jugado ante la situación de emergencia social y política que atraviesa el país.

Este episodio es una metáfora elocuente de lo que pasa hoy en Colombia: mientras la ciudadanía pide salud, educación, protección y equidad, sus dirigentes permanecen impasibles, jugando su propio partido de fútbol a sus espaldas.

Este episodio es una metáfora elocuente de lo que pasa hoy en Colombia: mientras la ciudadanía pide salud, educación, protección y equidad, sus dirigentes permanecen impasibles, jugando su propio partido de fútbol a sus espaldas.