democraciaAbierta: Opinion

El mundo del fútbol y la postura partidista sobre las protestas en Colombia

Al mantener los partidos de la copa Libertadores en Barranquilla, la Conmebol no solo fue insensible sino que también fue cómplice de la violencia del gobierno Iván Duque

Manuella Libardi
16 mayo 2021, 12.00am
Protestas contra el gobierno de Iván Duque el 12 de mayo, el mismo día en que la Conmebol decidió mantener los partidos de la Libertadores

Esta semana, la la Confederación Sudamericana de Fútbo (Conmebol) tomó partido. Tanto el miércoles 12 de mayo, como el jueves,13, demostró que, además de incompetente, algo que los sudamericanos conocemos desde hace tiempo, también es partidista y cómplice de las violaciones de derechos humanos en Colombia.

Lo demostró el miércoles cuando permitió que el partido de la copa Libertadores entre el Junior y el River Plate se llevará a cabo en Barranquilla, uno de los principales escenarios de las protestas ciudadanas que han sido brutalmente reprimidas en Colombia desde principios de mes. Ya son al menos 40 ciudadanos muertos a manos de la policía. Al menos 313 víctimas de violencia física a manos de la fuerza pública. Al menos 1,003 detenciones arbitrarias. Han sido dos semanas de un paro nacional que no da señales de terminar. Colombia está en llamas, y estas llamas se daban a las afueras del estadio Romelio Martínez, donde los equipos colombiano y argentino se enfrentaron en la fase de grupos.

El sonido de las bombas y los disparos resonó a través de los altavoces del terreno de juego y de los canales de retransmisión deportiva. El gas lacrimógeno invadió el campo mientras los atletas intentaban implementar sus estrategias de juego y se frotaban los ojos irritados por el gas al mismo tiempo. Hasta ese momento podíamos afirmar que, bueno, la Conmebol fue incompetente, incapaz, de tomar la decisión correcta en un momento confuso. No sería la primera vez que la confederación deportiva organiza un evento y es incapaz de implementar las medidas de seguridad adecuadas, como vimos en 2018 en la final entre el River Plate y el Boca Juniors, que tuvo que ser trasladada a Madrid p de violencia en Buenos Aires.

Pero cuando la noche siguiente la Conmebol dio luz verde a los equipos de América de Cali y Atlético Mineiro para entrar al campo, nuevamente en el estadio Romelio Martínez, en Barranquilla, ya no podemos decir que sus acciones solo conllevan incompetencia. Ese mismo jueves, la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) ya había pedido que los partidos de la copa Libertadores no se realicen en el país hasta que se resuelva la situación. También informó que apoya las protestas y que está con la gente. "Nos unimos a esas voces que piden un país más justo, equitativo e inclusivo, en el que se nos garanticen a todos, sin distinción, las condiciones mínimas para vivir con dignidad", dijo en un comunicado.

Transferir juegos o incluso posponerlos no es algo tan excepcional. El 5 de mayo, por ejemplo, la Conmebol trasladó, a última hora, la sede del partido entre el Junior y el Fluminense de Barranquilla a Guayaquil, Ecuador, cuando los atletas de Fluminense ya estaban en Colombia.

Pero el partido entre el América de Cali y el Atlético Mineiro se celebró en Barranquilla de todos modos. Una vez más, 22 profesionales se enfrentaron deportivamente mientras los ciudadanos eran agredidos a escasos metros fuera del campo. Ambos equipos pidieron al árbitro uruguayo Andrés Cunha que diese por terminada la primera parte antes de tiempo. Cunha se negó y los jugadores tuvieron que, por su cuenta, matar el tiempo hasta el fin de la primera mitad. Los defensas y el portero de Cali tocaron el balón entre ellos frente a jugadores estáticos del Atlético. Sin embargo, los atletas acabaron regresando al campo 15 minutos después para disputar la segunda parte y concluir el partido.

En ese momento, la actitud de la Conmebol ya no podía interpretarse como otra cosa distinta que una actitud política. La Conmebol no sólo fue insensible, sino que también mostró connivencia. Demostró que antes prefiere apoyar al gobierno de Iván Duque y su represión sangrienta que respetar a la población colombiana. Sus dirigentes pueden haber creído que la celebración de los partidos de la copa Libertadores en los que participaron dos grandes equipos colombianos – dos equipos de dos de las ciudades más afectadas por la violencia policial , Cali y Barranquilla – desviaría el foco de las protestas. Si esa era la intención, le salió el tiro por la culata.

Para los dirigentes de la Conmebol, la vida no vale nada. Los colombianos parecen no importar, y tampoco la integridad física de los deportistas que disputan el principal torneo del continente

Si de esta vergonzosa actitud de la Conmebol surgió algo que pueda ser calificado de positivo, fue precisamente el haber llamado la atención total del resto de la región sobre la situación en Colombia. Hasta entonces, los medios masivos cubrían los eventos de manera superficial, pero la atención que atrajeron los dos partidos de fútbol llevó las protestas al mainstream, con comentaristas populares de gigantescos medios de comunicación hablando de la situación de violencia vivida en el país a raíz de las manifestaciones y su represión. Si, hasta el miércoles, solo las personas interesadas en temas políticos latinoamericanos seguían los acontecimientos en Colombia, ahora la gran población también está al corriendo.

Sólo en Brasil, los partidos de la copa Libertadores llegan a una audiencia de más de 5 millones de espectadores, dependiendo del equipo y de la fase de la competición. Para millones de brasileños, las protestas en Colombia ya no son sólo acontecimientos que tienen lugar en el patio trasero de su vecino. El lateral izquierdo del Atlético, Guilherme Arana, elegido mejor jugador del partido en el encuentro del jueves, comenzó su entrevista posterior al partido demostrando su solidaridad con la gente colombiana. “Fue un partido muy difícil por la situación que atraviesa Colombia. Estamos muy tristes por eso”, dijo Arana antes de hablar del juego.

A diferencia de Aranas, los dirigentes de la Conmebol no parecen estar tristes por la situación. Para ellos, la vida no vale nada. Los ciudadanos colombianos que luchan por la justicia y un futuro mejor no importan ,y tampoco la integridad física de los deportistas que disputan el principal torneo del continente. Parece que el negocio de los derechos del futbol continental pasen por encima de todo.

Is it time to pay reparations?

The Black Lives Matter movement has renewed demands from activists in the US and around the world seeking compensation for the legacies of slavery and colonialism. But what would a reparative economic agenda practically entail and what models exist around the world?

Join us for this free live discussion at 5pm UK time (12pm EDT), Thursday 17 June.

Hear from:

  • Keeanga-Yamahtta Taylor: Author of Race for Profit: How Banks and the Real Estate Industry Undermined Black Homeownership
  • Esther Stanford-Xosei: Jurisconsult, Pan-Afrikan Reparations Coalition in Europe (PARCOE).
  • Ronnie Galvin: Managing Director for Community Investment, Greater Washington Community Foundation and Senior Fellow, The Democracy Collaborative.
  • Chair, Aaron White: North American economics editor, openDemocracy
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