
Podríamos definir el actual momento como de caos global. El caos no implica la ausencia total de algún tipo de orden, sino que evoca la turbulencia, la fragilidad y la indefinición geopolítica contemporánea ante los múltiples “riesgos globales” y destinos posibles.
La imprevisibilidad y la inestabilidad pasan a ser la regla y eso se refiere no sólo a la mayor volatilidad ante amenazas, sino también a la propia dinámica de las fuerzas políticas y del capitalismo contemporáneo.
El orden mundial que emergió con la caída del Muro de Berlín buscó extender la democracia formal en el mundo (por más que las principales potencias la desestabilizara y la interrumpiera siempre que juzgaban conveniente) de manos dadas de la globalización neoliberal en una especie de “social-liberalismo global”.