El debate económico sobre la cuestión del "equilibrio fiscal" es tan antiguo y repetitivo que a veces se asemeja a una polifonía medieval, en la que las voces se turnan para repetir una y otra vez las mismas frases y acordes, como si se tratara de un mantra, o de una "letanía interminable".
La redacción puede cambiar con el tiempo, pero la esencia de los argumentos es siempre la misma, desde hace más de 200 años. Ya sea del lado de los liberales o monetaristas, que defienden el imperativo absoluto del "equilibrio fiscal", o del lado de los desarrollistas o keynesianos, que consideran que el crecimiento económico requiere políticas fiscales menos rígidas y más expansionistas.
Aunque antiguo, este debate nunca tuvo ni tendrá una conclusión clara y definitiva, sencillamente porque no se trata de un desacuerdo académico o puramente científico, y en él intervienen siempre intereses de "agentes económicos" y clases sociales a menudo antagónicos y excluyentes. Además, para confundir aún más el debate, la historia demuestra que, en distintas circunstancias, las mismas políticas económicas pueden tener resultados completamente diferentes, según el poder y el grado de soberanía de cada gobierno.