democraciaAbierta: Opinion

El sufrimiento del pueblo de Haití es inmenso

En Haití hace falta repensar una operación internacional de estabilización e impulso a gran escala y sostenida en el tiempo, que saque al país del pozo en que ha caído

democracia Abierta
19 agosto 2021, 12.00am
Destrozos del terremoto en Haití.
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El sábado 14 de agosto, los haitianos se despertaron en medio de una pesadilla que ya conocían: un terremoto de 7,2 de magnitud azotaba el suroeste del país dejando más de 2.000 muertos y cerca de 10.000 heridos, en cifras provisionales facilitadas por la oficina de Protección Civil de Haití.

A tan solo semanas del asesinato de su presidente, Jovenel Moïse, que sigue pendiente de esclarecimiento, esta nueva crisis vino a sumarse a una nación ya previamente devastada.

Después del terremoto la situación en el territorio ha sido desesperada. El gobierno haitiano no está en posición de ofrecer ayuda a los damnificados y la ayuda internacional no se ha visto como en el pasado. A eso se suma que muchas de las iglesias, lugares que habitualmente acogen a quienes se han visto afectados por los desastres, están en ruinas.

Esta es la realidad de un país que, en medio de una crisis institucional, de representatividad y de violencia extrema, se enfrenta a los destrozos de un terremoto de mayor magnitud del que arrasó el país en 2010 (7,2 vs. 7,0).

Imagen del terremoto de 2010.
Imagen del terremoto de 2010. | Alamy.

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS por sus siglas en inglés), el epicentro del sismo, que fue de 10 kilómetros de profundidad, se ubicó a 12 kilómetros de la ciudad de Saint-Louis du Sud.

Los daños principales sucedieron en las ciudades Les Cayes, Jérémie y en la capital, Puerto Príncipe.

El domingo, el primer ministro haitiano, Ariel Henry, afirmó que la situación es dramática y declaró el estado de emergencia por un mes. También dijo que sabe que los hospitales están al tope de su capacidad, tanto por la pandemia de la Covid-19 como por el desastre, e hizo un llamado a la fortaleza y solidaridad de los haitianos para afrontar la dramática situación actual: sin presidente, con la violencia desatada y con un país destruido.

Frente a la situación, el presidente estadounidense Joe Biden autorizó una respuesta inmediata para ayudar a Haití. Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, también ordenó enviar todo el apoyo posible, llamado al que hizo eco el presidente dominicano, Luis Abinader.

Lo cierto es que los más afectados son las niñas y niños y adolescentes, hecho que destacaron Save the Children y Unicef.

"Estamos profundamente entristecidos por la información sobre las víctimas y los daños causados por el terremoto en Haití", dijo Bruno Maes, el representante de Unicef en la nación caribeña, en un comunicado enviado a los medios.

Las redes sociales, por su parte, se llenaron de imágenes de la destrucción del país. Cientos de haitianos subieron fotos de edificios afectados por el sismo, mientras la prensa internacional repasaba las hemerotecas para establecer paralelismos con el terremoto que hace una década sumió al país en una crisis de la que no ha conseguido emerger.

Tormenta en medio de la crisis

Abundando en la espiral de desastres, la llegada de Grace, una fuerte tormenta tropical incrementó la sensación de frustración y desánimo.

La tormenta no solo golpeó a un país ya destruido, sino que interrumpió los operativos de rescate y búsqueda de supervivientes tras el terremoto, generando ira y tristeza entre los miles de haitianos que perdieron su hogar tras el sismo.

La tormenta azotó el suroeste del país, precisamente la zona más afectada por el terremoto. Se ha reportado que cayeron hasta 38 centímetros de lluvia antes de que la tormenta siguiera su curso.

El terremoto y la tormenta llegaron a un país que ya estaba sumido en una crisis política, de seguridad y humanitaria.

“El sufrimiento del pueblo de Haití es inmenso”, escribió ya antes del terremoto y la tormenta la activista de derechos humanos haitiana Rosy Auguste Ducéna, en unos fragmentos de sus diarios publicados por democraciaAbierta. Es un país sin norte que, después del asesinato de su presdiente, asiste impotente a una crisis política e institucional sin fin y donde las violaciones de derechos humanos son espantosas y sistemáticas, según describe la misma Rosy.

Casas en Puerto Príncipe.
Casas en Puerto Príncipe. | Alamy.

Para ayudar a Haití no basta con inundar el país con miles de millones de dólares de Ayuda Humanitaria que se van por el desagüe, como ya vimos con el terremoto de 2010. Hace falta repensar una operación internacional de estabilización e impulso a gran escala y sostenida en el tiempo, que saque el país del pozo en que ha caído.

La primera nación libre e independiente de América Latina y el Caribe, y la primera en abolir la esclavitud después de que los esclavos negros alzados vencieran a las fuerzas de Napoleón, no se merece todo lo que está sufriendo.

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