Todos los días, desde el 6 de mayo de 2021, Sandra Gomes dos Santos espera por un sonido familiar: el portón de entrada abriéndose y la llamada: “¡Madre, estoy aquí!”. Cada mañana desde ese fatídico día, Adriana Santana de Araújo se encuentra mirando el teléfono, esperando un mensaje de “buenos días” de su hijo.
Ambas mujeres esperan en vano. Sus hijos están entre las 28 víctimas mortales de la operación policial más mortífera en la historia del estado de Río de Janeiro. Policías fuertemente armados allanaron Jacarézinho, una de las favelas más grandes de Río, en busca de narcotraficantes. El ataque tuvo lugar pocos días antes del Día de la Madre. Santos y Araújo fueron solo dos de las muchas madres que pasaron el Día de la Madre enterrando a sus hijos.
Y eso fue solo el principio. También tienen que lidiar con el estresante negocio de continuar con la vida. “Tenemos que sobrevivir todos los días”, dijo Araújo, mientras Santos asentía. Nuestra entrevista tuvo lugar en una escuela de samba, a pocos metros de la entrada de Jacarézinho. Santos, que todavía vive aquí porque no tiene condiciones de alquilar nada en ningún otro lado, vive con el miedo constante a la policía que merodea por los alrededores. Los agentes pertenecen a Cidade Integrada, un programa que mantiene a los policías permanentemente apostados dentro de las favelas, supuestamente para proteger a los residentes de la explotación financiera de las pandillas. Pero algunos de esos policías de Jacarézinho hicieron parte de la operación en la que fue asesinado el hijo de Santos.