Cuando el 19 de diciembre de 2021 Chile eligió por abrumadora mayoría a Gabriel Boric, me sentí eufórica. Las elecciones enfrentaron al izquierdista Boric con el ultraderechista José Antonio Kast. Kast había hablado con admiración de Augusto Pinochet, el dictador asesino que gobernó Chile de 1973 a 1990. Había negado sistemáticamente la crisis climática y atacado los derechos de los inmigrantes, las mujeres y el colectivo LGBTQ.
Boric, de 35 años, encabeza la coalición Frente Amplio, que nació de un movimiento estudiantil del que yo fui una de sus líderes a través de mi federación de estudiantes. Ahora soy asesora de una histórica Convención Constitucional, respaldada por Boric y con la oposición de Kast, que reescribirá la actual constitución de Chile impuesta por Pinochet.
El país que se imagina en la Convención Constitucional es fundamentalmente diferente del modelo económico y social forjado por Pinochet (1973-1990). Es de sobra conocido que el modelo neoliberal no se impuso por primera vez en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher o en los Estados Unidos de Ronald Reagan, sino en el Chile de Pinochet. Bajo la dictadura, el Estado se redujo al mínimo, cediendo a las empresas con ánimo de lucro la provisión de derechos mediante la privatización de los servicios públicos.