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La Eco-Constituyente Chilena

Los ecoconstituyentes chilenos avanzan hacia una Constitución ecológica que establezca derechos para la naturaleza

Cecilia Román
17 noviembre 2021, 5.17pm
High levels of air pollution obscure the Costanera Center and other buildings in Providencia, Santiago, Chile
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Paul Kennedy / Alamy Stock Photo

Con el micrófono en una mano y sosteniendo en alto la bandera mapuche con la otra, la académica y lingüista de ese pueblo, Elisa Loncon, prometió el 4 de julio que la Convención Constitucional que hoy preside transformaría a Chile en un país que cuide la tierra y reconozca sus derechos: “Esta Convención que hoy día me toca presidir transformará a Chile en un Chile que cuide a la Madre Tierra, en un Chile que limpie las aguas, en un Chile libre de toda dominación”, dijo esa tarde.

Con su discurso - "Todos juntos, pu lamngen, vamos refundar este Chile" - inauguró el uso de un lenguaje que no había tenido lugar relevante en la política masiva chilena y que hoy atraviesa de lleno el órgano que creará la nueva Constitución. Un lenguaje que forma parte de otro paradigma, que ya era parte del ADN de los pueblos indígenas y que tiene como eje central el entendimiento de la naturaleza como un ente vivo, que no puede ser simple objeto de apropiación por el ser humano.

Para una parte importante de los miembros de la Convención Constitucional, que oían a Loncon emocionados, esas palabras no fueron extrañas. Muchos de ellos llegaron allí luego de años de lucha por la recuperación de las aguas, contra la depredación de la naturaleza, y por el combate contra las llamadas “zonas de sacrificio”, en las que la intención de avanzar en el desarrollo ha dañado e incluso enfermado a la población.

Al albor del proceso de creación de la Carta Magna nació un grupo de convencionales autodenominados “ecoconstituyentes”, integrado principalmente por activistas medioambientales independientes, que comparten la necesidad que se desprende de las palabras de la presidenta: salir del modelo de vida antropocéntrico y pasar a uno ecocéntrico.

Para eso buscan, como punto de inicio, la creación de una “Eco Constitución”.

Una de esas nuevas visiones, tal vez la más innovadora, es reconocer a la naturaleza como sujeto de derecho

Avanzar hacia el buen vivir

El corazón de esas transformaciones estará en la Comisión de Medio Ambiente, Derechos de la Naturaleza, Bienes Comunes y Modelo Económico. Esta es una de las siete instancias que trabajará los contenidos de la nueva Carta Magna en los próximos meses y tiene una particularidad: doce de sus 19 miembros son ecoconstituyentes.

Con ese número, les alcanza para aprobar y proponer al pleno de la Convención nuevas visiones sobre la relación de la sociedad con la naturaleza y reflejar así conceptos que los pueblos originarios ya viven como parte de su cosmovisión: suma qamaña (aymara) o kume mongen (mapuche). Ambos hablan - con sus sutiles diferencias - de vivir en armonía o del “buen vivir”.

Una de esas nuevas visiones, tal vez la más innovadora, es reconocer a la naturaleza como sujeto de derecho, como enunciaba Loncon el 4 de julio.

“En la nueva Constitución hay que consagrar los derechos de la naturaleza. Ese va a ser un cambio radical en el paradigma de cómo nos relacionamos, porque estamos enfrentando una crisis climática sin precedentes y un cambio constitucional en medio de ella no puede desatenderlo”, explica Yarela Gómez, profesora y constituyente.

El aproximamiento de Gómez al activismo data de su adolescencia y lo recuerda en un momento: la búsqueda de información sobre el impacto en el entorno de las megarepresas, mientras aún estaba en su colegio en la Región de Aysén, en el extremo sur de Chile. Hoy es activista del Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente (Modatima).

“Esto se vincula con el territorio al que pertenezco y esa sensibilidad particular de encontrarse con la naturaleza y entender que somos interdependientes”, comenta Gómez.

Sin embargo, la presencia de los ecoconstityentes en casi todas las comisiones no garantiza la aprobación de sus propuestas

“¡La única solución es una Eco Constitución!”

La demanda por una Eco Constitución se escuchó en los discursos de apertura del proceso de al menos una decena de constituyentes. Pero no es una petición ajena a la academia. Entre las organizaciones y especialistas que solicitaron audiencias, el profesor de Derecho y Regulación Ambiental y director ejecutivo de la ONG FIMA, Ezio Costa, estuvo hace un par de semanas en la Comisión de Medioambiente para exponer sobre los conceptos claves para alcanzarla.

Por ejemplo, principios nuevos como el de justicia intergeneracional, el principio precautorio, el preventivo y el resguardo de bienes comunes como el agua, la alta montaña o las riveras. Esto significa que, antes de ser utilizados por industrias, deben satisfacer necesidades básicas de las personas. Luego de eso, pueden ser concesionados para otros usos.

Allí abordó la forma en la que podrían quedar consagrados los derechos de la naturaleza y mencionó específicamente dos: el derecho a la existencia y a la restauración, como aparecen en la Constitución de Ecuador, y que refieren principalmente a deberes para los ciudadanos.

Pero eso no es todo. Costa también defiende la posibilidad de la creación de una “Defensoría de la Naturaleza”, que ya es un objetivo de la Comisión de Sistemas de Justicia, Órganos Autónomos de Control y Reforma Constitucional. Y en ese espacio, claro, también hay ecoconstituyentes, como en prácticamente todas las comisiones que redactarán la propuesta de nueva Constitución.

“El espacio de ecoconstituyentes podría ser otro lugar desde donde posicionarnos para no olvidar que la temática ecológica esté presente en la comisión de Sistemas de Conocimiento, por ejemplo, en la de Forma de Estado y Descentralización, la temática ecológica va a tener que estar en los principios fundantes de la comisión de Principios Fundamentales o en los sistemas de justicia que queramos establecer”, responde la egresada de derecho, activista y constituyente Camila Zárate.

Sin embargo, la presencia de los ecoconstityentes en casi todas las comisiones no garantiza la aprobación de sus propuestas, ya que todo será analizado al final por el pleno con los 155 constituyentes y debe ser aprobado por ⅔ . “Para lograr las mayorías a nivel del pleno vamos a requerir sí o sí de estos espacios de articulación, en donde podamos estar generando propuestas comunes y luego conversando con las distintas fuerzas políticas”, agrega Zárate.

La estrategia de los ecoconstituyentes para convencer a representantes de partidos políticos y de la centroizquierda que se sumen a una Constitución ecológica fue repartirse en todos los espacios y aportar en todas las comisiones la mirada ecológica. Los 30 que son en total -18 son mujeres- se encuentran también sosteniendo intensos debates para consensuar una postura sobre cómo llegar a ese objetivo común. Están en disputa los conceptos de desarrollo sostenible, el cómo asignarle a la propiedad una función ecológica -como lo hace la Constitución de Colombia-, y qué principios nuevos agregar al nuevo Texto Fundamental.

Esos debates generan aún cierta resistencia en sectores más afines a la derecha, porque la comisión tiene otro gran objetivo: debe definir también las bases para el modelo económico que tendrá Chile. Alcanzar el delicado equilibrio entre el desarrollo y la protección del medioambiente ya se anticipa como una de las discusiones más duras de la Comisión de Medioambiente.

“Si no hay un modelo económico que le dé sustentabilidad y desarrollo a un país, el país se sume en la pobreza y cuando hay pobreza, aumenta la contaminación”, critica el exsecretario regional ministerial de Minería del Presidente Sebastián Piñera y hoy constituyente de esa misma comisión, Roberto Vega.

La activista por el agua y ecoconstituyente, Gloria Alvarado, pone matices a esa visión. “Siempre dicen que nosotros somos los locos, los verdes, pero hay que darse cuenta de una cosa: la naturaleza nos da los servicios ecosistémicos, y ella está ahí para que nosotros tomemos lo que necesitemos. Pero si nosotros no le damos la capacidad de recuperación propia, ¿cómo vamos a tener mañana y pasado esos servicios?”, pregunta Alvarado.

“Nosotros no estamos en contra de la productividad. Sabemos que genera empleo y economía en el país, pero tiene que hacerse con equilibrio ecológico, con empatía a las personas que viven en los territorios, y con respeto a las personas que viven en los territorios. Queremos que haya productividad, es necesario, pero tiene que ser en su justa medida”, suma.


Este reportaje hace parte de la serie Cartas Chilenas fruto de la alianza editorial entre #NuestrasCartas y democraciaAbierta

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