El gran debate de esta semana parece girar en torno a si los disturbios, los saqueos y el uso de la violencia pueden ayudar o perjudicar la lucha por la justicia racial, que parece molestar a la gente mucho más que el tema en cuestión, el asesinato de George Floyd y el racismo sistémico que lo hizo posible.
La respuesta es compleja y complicada, pero la violencia, hasta cierto punto, ha dado poder político a los negros en los Estados Unidos, mientras que la no violencia ha mantenido a sus contrapartes brasileñas ocultas, escondidas y en gran medida, ignoradas.
La forma en que los Estados Unidos y Brasil lidiaron con sus poblaciones descendientes de los africanos que trajeron como esclavos para construir sus colonias y enriquecer a sus élites, fue muy diferente. Los Estados Unidos pertenecen al grupo de naciones que optaron por poner fin a la esclavitud pero segregando a los negros, estableciendo leyes racistas, aunque respaldadas por la Constitución.