Hacía tiempo que teníamos previsto escribir sobre la política de protección de los indígenas en Brasil. Lo peligroso que se ha vuelto esto. Ahora, tenemos dos víctimas más en la historia, el periodista Dom Phillips y su amigo, defensor de los derechos indígenas, Bruno Pereira. Sus muertes son la trágica confirmación, si es que tal cosa fuera necesaria, de que la respuesta del presidente Jair Messias Bolsonaro tras su desaparición, declarando que "Puede pasar cualquier cosa", fue una amenaza y no un lamento.
Los asesinos de Dom Phillips y Bruno Pereira no eran sólo unos pescadores ilegales en un rincón remoto de la selva. La responsabilidad recae también en un sistema excepcionalmente criminal llamado "gobierno".
En un artículo de 2019, Dom Phillips citó a un portavoz del pueblo Macuxi, Edinho de Souza: "No estamos luchando contra el agricultor, o un pequeño garimpeiro. Estamos luchando contra el gobierno". Como saben los indígenas y los defensores del medio ambiente, "las balas que matan a periodistas, activistas e indígenas en la Amazonia se compran con el dinero de la apropiación de tierras, la minería ilegal y la tala", grandes prioridades del gobierno de Bolsonaro.