democraciaAbierta: Analysis

Castillo evitó otra destitución, pero Perú sigue siendo ingobernable

Con cuatro gabinetes en menos de ocho meses, el presidente peruano se enfrenta a un país resquebrajado con un futuro demasiado incierto

Juanita Rico
5 abril 2022, 12.00am
Fotoholica Press Agency / Alamy Stock Photo

Por segunda vez desde el inicio de su gobierno el 28 de julio de 2021, el presidente peruano Pedro Castilllo se enfrentó a un debate en el Congreso para decidir si era destituido o no.

La oposición necesitaba de 87 votos para conseguir la destitución de Castillo, acusado de corrupción e “incapacidad moral”, una ambigua figura establecida en la Constitución peruana que permite la interpretación abierta de quienes la invocan. Sin embargo, después de un maratónico debate de 8 horas, solo 55 legisladores votaron a favor de la destitución, 54 votaron en contra y 19 se abstuvieron.

"Hemos sido elegidos democráticamente y, en ese sentido, no vamos a defraudar. Espero que esta página se cierre hoy", dijo Castillo a la televisión estatal el 28 de marzo de 2022, fecha en que se supo que no sería destituido.

Aunque el presidente se salvó de ser destituido, la ingobernabilidad en Perú es cada vez más evidente. La incapacidad de Castillo para escoger un gabinete estable y la oposición absoluta a la que se enfrenta en el Congreso no han permitido que comience a ejecutar sus políticas de forma eficaz.

Castillo ya ha nombrado hasta ahora cuatro gabinetes y hasta 46 ministros

Castillo ya ha nombrado hasta ahora cuatro gabinetes y hasta 46 ministros; y son constantes las contradicciones entre el Presidente y su gabinete. Guido Bellido, el primero de sus Primeros ministros advirtió que nacionalizaría la industria del gas a lo que Castillo respondió desmintiéndolo. Sin embargo, semanas después propuso lo mismo. Finalmente tuvo que desdecirse y su entonces ministro de finanzas publicó un tuit donde decía que el presidente se había equivocado y no había querido usar la palabra nacionalizar.

Lo mismo pasó con su segunda Primera ministra, Mirtha Vásquez quien anunció que el gobierno cerraría cuatro minas de oro en manos privadas. La noticia hizo que el sector minero peruano, que representa alrededor del 10% del producto interior bruto y el 60% de los ingresos por exportación, entrara en pánico. Sin embargo, solo días después Castillo reversó la decisión y le dio un espaldarazo a la industria minera del país.

Inutilidad o dolores heredados

Hay quienes especulan, como el ex ministro de salud del gobierno Castillo, Hernando Cevallos, que su imposibilidad para mantener un gabinete se debe a las deudas políticas que tiene con Perú Libre, el partido que lo acogió durante el periodo electoral. Sin embargo, pareciera que detrás de la fragmentación gubernamental sólo hay una razón: la incapacidad de Castillo para asumir la posición más importante de Perú: él mismo admite que nadie lo preparó para ser presidente.

Pero el caos que vive hoy Perú viene desde mucho antes de que Castillo fuera presidente. El país ha tenido cinco presidentes en menos de cinco años, circunstancia que raya con la inconstitucionalidad y que prende las alarmas sobre sus procesos democráticos.

Han pasado 19 años desde que Alberto Fujimori fue destituido como presidente y, desde entonces, ninguno de los presidentes sucesivos ha salido con las manos limpias:

Alejandro Toledo gobernó de 2001 a 2006 y fue el primer presidente después del fujimorismo. En 2016 volvió a salir a la luz pública por verse en medio del escándalo de corrupción de la constructora brasileña Odebrecht. Fue el primer mandatario del continente acusado de recibir sobornos de la constructora.

Alan García, presidente entre 2006 y 2011 también fue acusado de corrupción por el escándalo de Odebrecht. Aunque manifestó que iba a colaborar con las autoridades, cuando llegaron a su casa se disparó en la cabeza y falleció horas después.

Entre 2011 y 2016 gobernó Ollanta Humala. Al igual que sus predecesores, fue acusado de ser parte del escándalo Odebrecht y condenado a hoy paga en la cárcel los 18 meses de prisión a los que fue condenado. Luego de Humala llegó a la presidencia Pedro Pablo Kuczynski, quien gobernó entre 2016 y 2018. Kuczynski renunció antes de ser destituido en 2018, cuando se supo que también estaba involucrado en el escándalo de Odebrecht.

Entre 2018 y 2020 llegó al poder Martín Vizcarra, quien tras múltiples enfrentamientos en el congreso, fue acusado de corrupción y destituido en noviembre de 2020.

Luego de Vizcarra, Manuel Merino asumió el poder, pero solo lo retuvo siete días ya que el 17 de noviembre de 2021 lo reemplazó Francisco Sagasti quien fue presidente hasta que Castillo asumió el poder.

Lo que deja claro esta sucesión de presidentes es que Perú adolece de dos males desde hace más de seis años: de mandatarios corruptos y de gobiernos precarios que no duran lo necesario como para lograr definir políticas que mejoren la situación social del país.

Esto se refleja en la situación de Castillo, cuya popularidad pasó de un 38% de aprobación, a un 25%

Esto se refleja en la situación de Castillo, cuya popularidad pasó de un 38% de aprobación, a un 25% según reciente una encuesta de Ipsos. La misma encuesta muestra que la mitad del país piensa que Castillo debería renunciar y que tres cuartos de los peruanos quieren unas nuevas elecciones.

La economía del país, sin embargo, no refleja la crisis social y política por la que atraviesa; es una de las de más rápido crecimiento en la región y de las más resilientes frente a la pandemia de la Covid 19. A pesar de esto, el Producto Interno Bruto (PIB) de Perú suma ocho meses consecutivos de desaceleración. Cada vez crece menos y lo que prevé el Banco Central para 2022 es un crecimiento modesto cercano al 3 por ciento; cifra que, para un país emergente como Perú, no es suficiente.

Otro tema central al gobierno de Castillo es la evolución de la minería en el país. El sector minero es crítico para Perú ya que, en 2019, representaba 12,2 por ciento de su PIB. Así, gran parte de su economía depende de la exportación de metales.

Aunque en 2021 este sector tuvo un crecimiento estimado interanual del 9,6 por ciento, esta cifra responde al enorme bache del año anterior. Por eso, hay temor de que, con la inflación en el precio de los metales, el país pierda la oportunidad que supone la búsqueda de nuevas alternativas energéticas.

Pese a que Castillo prometió durante su campaña que llegaría a nuevos acuerdos con las empresas que explotan las minas para darle algún beneficio a las comunidades, un informe de la Defensoría del Pueblo afirma que hay un aumento de conflictos sociales en todo el país.

El gobierno de Castillo se apalanca en una economía aparentemente estable, que puede romperse en cualquier momento

Así, el gobierno de Castillo se apalanca en una economía aparentemente estable, que puede romperse en cualquier momento. Muestra de esto es que el margen fiscal del Estado no se ha usado en reformas económicas de calado que corrijan las carencias que sufre gran parte de la población, sobre todo en las zonas rurales. A eso se suma que más de dos de cada cinco personas que trabajan en Perú reciben un salario de cerca de $250 dólares, lo que no alcanza a cubrir las necesidades mínimas para sobrevivir.

Con todos estos factores acumulados, no sorprende que el Congreso quiera derrocar reiteradamente al presidente. Si no cumple rápido su promesa de cero pobres en un país rico, tendrá que enfrentarse a otra ola de descontento social capaz de destituirlo, una posibilidad bien real hoy en Perú.

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