Bogotá, Colombia.- Cuando Abelardo De la Espriella asuma el cargo de presidente de Colombia el 7 de agosto, se unirá a una ola de populistas de derecha que ya gobiernan en Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador y Honduras – todos aupados por Trump.
La bocina de un automóvil rompe el crepúsculo que se cierne sobre la ciudad. Un todoterreno plateado recorre a toda velocidad las calles, con un joven parado, medio cuerpo afuera del techo corredizo, y la bandera colombiana ondeando sobre sus hombros.
"¡Firme por la patria!", grita, y encuentra eco: algunos conductores se burlan, otros hacen sonar sus bocinas en señal de aprobación.
Apenas unas horas antes cerraron los centros de votación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. El país tenía que elegir entre Abelardo de la Espriella, un abogado ultraderechista, e Iván Cepeda, un senador de izquierda y heredero del gobierno de Gustavo Petro.
Mientras el joven alzaba los brazos al cielo, el recuento inicial apuntaba a una victoria de De la Espriella, con 49,6% de los votos, frente a 48,7% para Cepeda. El margen era mínimo, de apenas 246.000 votos. El escrutinio final demorará algunos días más, sobre todo porque las autoridades deben resolver denuncias de presuntas irregularidades.
De la Espriella prometía recortes fiscales, retrocesos en la protección del ambiente y duras medidas de seguridad, Cepeda abogaba por la congelación de nuevos proyectos petroleros y la continuidad del enfoque de ‘Paz Total’ del presidente Petro, con miras al desarme de grupos criminales mediante negociaciones.
"No vamos a permitir, lo decimos con claridad, haciendo uso de la fuerza de la democracia, de la movilizacion y de la accion politica, que retrocedan las conquistas sociales que hemos construido en estos años en Colombia", dijo Cepeda, dirigiéndose a una multitud de simpatizantes, una vez conocido el conteo inicial.

En un salón de actos abarrotado en Bogotá, algunos simpatizantes derramaban lágrimas. Otros alimentaban la esperanza de que el escrutinio final pudiera dar la vuelta al resultado. La campaña de Cepeda impugnó los resultados de 33.000 de las 122.000 urnas de votación.
Pero, ante la escasa expectativa de que cambie el resultado (el recuento verificado de la primera vuelta solo difirió marginalmente del recuento inicial), los seguidores de Cepeda se ven ahora obligados a afrontar un futuro bajo un nuevo gobierno de derecha.
"Pues que muy seguramente vamos a volver a un autoritarismo que ya creíamos que se estaba superando", dijo a democraciaAbierta Luis Carlos Pulgarín, de 58 años, un partidario de Cepeda, en el salón de actos de Bogotá. Desplazado de la región norteña de Urabá debido a los asesinatos de la década de los 90, Pulgarín teme que De la Espriella provoque un retorno a la violencia que asoló el pasado de Colombia.
El país vivió buena parte del siglo XX en conflictos armados. A la guerra civil entre conservadores y liberales, que terminó en 1958 – período conocido como La Violencia –, le siguió el alzamiento de guerrillas izquierdistas, en la década de 1960, y el surgimiento de milicias paramilitares de ultraderecha en la década de 1990 para combatir a los guerrilleros en alianza con la fuerza pública. Mientras tanto, el narcotráfico se convirtió en el combustible de todos los actores armados.
“En el último gobierno de derecha-derecha, digamos fascista, que hubo… de alguna manera hubo una altísima violación a los derechos humanos", dijo Pulgarín en referencia al expresidente Álvaro Uribe, que gobernó entre 2002 y 2010.
Uribe – que apoyó a De la Espriella en segunda vuelta – y su familia han sido acusados de múltiples crímenes, incluyendo connivencia con el narcotráfico y el paramilitarismo. Cuando fue presidente, Uribe negaba que en su país hubiera un conflicto armado y catalogaba a las guerrillas como organizaciones terroristas. Durante su gobierno se produjo un pico de “falsos positivos”, como se conocieron los más de 6.000 asesinatos de civiles presentados por el ejército como bajas de guerrilleros en combate.

En 2016, luego de casi cuatro años de negociaciones, el gobierno y la principal y más antigua guerrilla latinoamericana, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) firmaron un acuerdo de paz. El incumplimiento de lo acordado por parte del Estado se vio jalonado de asesinatos de guerrilleros desmovilizados, el reagrupamiento de guerrillas menores y la emergencia de nuevas organizaciones criminales.
Petro intentó, mediante su política de Paz Total, retomar las negociaciones con la segunda guerrilla izquierdista, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y los otros grupos armados. Pero los diálogos fracasaron, con frecuentes rupturas del cese del fuego.
Sin embargo, el gobierno de Petro tuvo logros que explican la muy buena votación de la izquierda: una reforma laboral que otorgó derechos esenciales a los trabajadores, un aumento del salario mínimo de 23% y una reducción de la pobreza a 28%, el nivel más bajo en la historia del país.

De la Espriella, empresario y exabogado de líderes paramilitares y narcotraficantes, acaba de irrumpir en la política colombiana. Vivió 10 años en Estados Unidos, donde obtuvo la ciudadanía en 2023, y en 2024 se mudó a Italia, de donde regresó en 2025 para candidatearse a la presidencia.
En el curso de su carrera ha representado a exponentes del mundo criminal, entre ellos, Alex Saab, supuesto testaferro del expresidente venezolano Nicolás Maduro, y Jorge Visbal Martelo, exsenador, financiador del grupo paramilitar Autodefensas Unidas de Colombia e integrante de otra organización criminal, conocida como Los Doce Apóstoles.
Saab fue extraditado en mayo desde Venezuela a Estados Unidos, donde tiene acusaciones de lavado de hasta 350 millones de dólares, mientras Visbal Martelo fue detenido en enero y cumple una pena de nueve años de prisión.
Tras haber protegido a estas figuras, De la Espriella propone ahora volver al enfoque de confrontación de Uribe y de cero tolerancia hacia grupos criminales y narcotraficantes. “A quienes han sembrado violencia, terror, narcotráfico, y corrupción”, afirma De la Espriella “su tiempo se acabó”.
Apodado ‘El Tigre’ por sus seguidores, promete destruir 330.000 hectáreas de cultivos de coca, materia prima de la cocaína, y una ofensiva militar directa que, según afirma, restablecerá el control territorial en tan solo 90 días.
"[La seguridad] es lo más importante", dijo a democraciaAbierta Enrique Mejía, de 60 años, miembro de un pequeño grupo de seguidores de De la Espriella reunidos frente a la sede del presidente electo en Bogotá.
Al igual que a muchos de los votantes de De la Espriella, a este hombre le preocupa el supuesto resurgimiento de los grupos armados bajo el gobierno de Petro. Quiere que se ponga fin a la política de Paz Total.
"Hay que ser justos porque sí trató de igualar la sociedad, eso está bien", reconoció Mejía sobre Petro. “Pero la trató de igualar equivocadamente, [haciendo] un proceso de paz con unos narcotraficantes". Mejía se envolvía los hombros con una bandera con la imagen de De la Espriella haciendo un saludo militar. "[Los grupos armados] se crecieron mucho, haciendo mucho daño", dijo.
Según algunos estudios, el reclutamiento de los grupos armados se disparó en el mandato de Petro, pero los analistas temen que abandonar las negociaciones pueda empeorar la situación.
"En el caso del candidato De la Espriella sí creo que hay una comprensión muy limitada de lo que significa el conflicto armado colombiano", dijo Juan Pablo Aranguren Romero, profesor asociado de la Universidad de los Andes que ha investigado los impactos del conflicto armado en Colombia.
Aranguren señaló el riesgo de que aspectos centrales del proceso de paz con las FARC, como la restitución de tierras y la búsqueda de personas desaparecidas, se estanquen bajo el mandato de De la Espriella, quien ha anunciado su intención de desmantelar la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), un tribunal de justicia transicional creado en virtud del acuerdo de paz de 2016.
"Desmontar la JEP es algo que realmente iría en contra de la constitución y de la ley", dijo Aranguren a democraciaAbierta.
También inquieta la propuesta de De la Espriella de retirar al país de la ONU y del Sistema Interamericano de Derechos Humanos. "Son una cantidad de burócratas, y gastamos plata que no tenemos. Eso hay que cerrarlo", dijo en declaraciones a la revista Semana en noviembre del año pasado.
Entre las poblaciones más afectadas por la violencia, muchos se oponen a las propuestas de seguridad de De la Espriella: Caquetá, Chocó y Valle del Cauca, tres de las regiones colombianas que más sufrieron el conflicto, votaron de forma abrumadora a favor de Iván Cepeda, quien prometió continuar las negociaciones con los grupos armados.
La política de línea dura de De la Espriella se extiende a su controvertida propuesta de construir 10 megacárceles; siguiendo el modelo del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien en marzo de 2022 inauguró la prisión más grande de América Latina, el CECOT, ordenó redadas masivas que han enviado a más de 90.000 personas a la cárcel e impuso un estado de excepción que suspendió derechos fundamentales y que sigue vigente.

Activistas colombianos temen ver en Colombia los abusos contra los derechos humanos perpetrados por Bukele en sus operativos contra las pandillas.
"Yo creo que lo que se podría llegar a hacer bajo un estado de excepción en un eventual gobierno de De la Espriella puede ser mucho más grave", dijo Alejandro Lanz, codirector de la ONG colombiana de derechos humanos Temblores, a democraciaAbierta.
El encarcelamiento masivo no es una solución viable para los problemas de seguridad de Colombia, según Lanz, cuya organización trabaja dentro de las prisiones y con exreclusos tras su puesta en libertad. "Se ha relacionado de una manera errónea y ficticia el hecho de que la construcción [de las mega-cárceles] y el encierro masivo de personas que presuntamente hacen parte de pandillas, se traduce efectivamente en una seguridad en el [espacio] público".
De la Espriella tuvo un respaldo abierto del presidente argentino Javier Milei y del mandatario estadounidense Donald Trump. “¡Ha ganado, y por goleada!", escribió Trump en Truth Social, apenas unas horas después del cierre de las urnas.
Este pronunciamiento siguió a dos mensajes previos de apoyo de Trump, que dieron pie a una carta firmada por 11 congresistas estadounidenses en la que se denunciaba su "flagrante injerencia" en las elecciones colombianas.
"Ha habido una participación de todos los gobiernos de derecha latinoamericanos y el gobierno gringo en estas elecciones colombianas", dijo Alejandro Lanz. "Este candidato ha mostrado que ha vendido la soberanía".
Pero tras la relación tensa de Petro con Trump, los partidarios de De la Espriella están encantados de estrechar vínculos con Washington.
"Se requiere recuperar las relaciones tan importantes como con nuestro socio principal, que es Estados Unidos, lo mismo con el pueblo de Israel", dijo Andrés Santamaría, de 38 años, en la puerta de un acto con entrada para celebrar la victoria del derechista. El hombre lucía la camiseta amarilla de la selección nacional de fútbol de Colombia, convertida en el uniforme de facto de los seguidores de De la Espriella.
"Yo sé que Abelardo, aparte que también es ciudadano americano, pues va a fortalecer esas relaciones", afirmó.
Dentro de su país, De la Espriella enfrentará a una oposición decidida. El domingo por la noche, decenas de seguidores de Cepeda salieron a las calles de la capital, exhibiendo pancartas en las que se leía "Abelardo de la Espriella no es mi presidente".
Además de las eventuales protestas populares, un gobierno de De la Espriella tendrá que lidiar con un Congreso en el que el Pacto Histórico de Petro tiene la bancada más numerosa. La gobernabilidad dependerá de las alianzas que los dos bloques negocien, en particular con los partidos de centro; mientras la coalición de derecha no tiene suficiente fuerza para aprobar reformas.
El domingo por la noche, De la Espriella subió al escenario para proclamar su victoria ante una multitud en la ciudad costera de Barranquilla. Protegido en una cabina a prueba de balas y rodeado por el resplandor de focos de colores, se dirigió a su rival Cepeda: "Usted sabe lo duro que muerde el tigre, y le digo algo, el tigre todavía puede morder aun más duro de lo que ha mordido hoy en las urnas”.