
Policías estacionados cerca del cuerpo de un hombre tiroteado y muerto cerca del Estadio de Maracaná, tras la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, el sábado 6 de agosto, 2016. (AP Photo/David J. Phillip) Todos los derechos
Las armas matan. Los impactos de bala en el hueso o en la piel humana pueden ser devastadores. Los que sobreviven, se enfrentan a daños físicos y psicológicos permanentes. Si cada muerte por arma de fuego resulta trágica, entonces Río de Janeiro está viviendo una tragedia de dimensiones monumentales. Como las muertes por arma de fuego son del todo prevenibles, la situación es aún más espantosa.
La buena noticia es que, tras su momento álgido en los años 90, la violencia por arma de fuego se ha reducido en Río de Janeiro. La mala es que, según los estándares globales, la situación es desastrosa. En 2015, hubo 4.197 homicidios intencionados en un estado que cuenta con 15 millones de residentes, una tasa de alrededor de 25 asesinatos por 100.000 habitantes.