Este es un problema que precede los vergonzosos comentarios de los políticos conservadores contra la participación del actor transgénero Thammy Miranda en un comercial del Día del Padre este mes. Y si no hacemos nada, casos extremos como el exilio del congresista Jean Wyllys en 2018, tras amenazas relacionadas con su sexualidad, pueden convertirse en algo común.
Estos dos acontecimientos, entre la larga lista de casos lamentables de los últimos años, pone de relieve cómo la difusión de los discursos de odio entre los políticos brasileños ya ha superado la barrera de las amenazas emocionales y psicológicas. Difundida por los políticos, la incitación al odio se utiliza cada vez más para legitimar la violencia física e institucional contra las minorías.
Ya no se trata de discursos y tuits incendiarios, sino de violencia dirigida.