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Fin de la luna de miel entre el presidente Macri y el país real

La aplicación agresiva de medidas de política económica de fuerte corte neoliberal en Argentina ha acabado por despertar una fuerte oposición interior a Macri.  English

Roberto Lampa
13 June 2016
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Una manifestante anti-gobierno sostiene una bandera contra el presidente Mauricio Macri en Buenos Aires. Febrero de 2016. (Foto AP / Natacha Pisarenko)

En un artículo del octubre pasado, publicado por DemocraciaAbierta, analicé las elecciones presidenciales argentinas destacando cómo, en caso de una victoria de Mauricio Macri, su agenda neoliberal y restauradora de las relaciones económicas previas al kirchnerismo, por un lado, y la resiliencia de los actores políticos, sociales y sindicales, por el otro, representarían dos aspectos centrales a la hora de evaluar el inicio de su mandato.

Los primeros seis meses de gobierno del Pro, parecerían confirmar la validez de esta clave de lectura.

En primer lugar, es indiscutible el carácter explícitamente clasista – y restaurador de la ortodoxia neoliberal de los años 90 – de las políticas económicas implementadas a partir del pasado 11 de diciembre: aumento del tipo de cambio de casi el 60%; eliminación de los subsidios estatales a la luz, agua, gas y transporte público; despidos masivos en el sector público; cierre del programa de ayuda para la primera vivienda Pro.Cre.Ar; cierre de los programas de becas para el estudio secundario y universitario Progres.Ar y Pro.For.; políticas de austeridad y de metas de inflación del Banco Central, entre otras. Y viceversa: eliminación (casi) total de las retenciones al sector agropecuario y mega-minero; eliminación de las restricciones a la compra de divisa extranjera y aumento a cinco millones de dólares mensuales del límite de compra individual; pago total a los fondos buitres (incluyendo enormes comisiones para los bancos involucrados en esta operación); transferencias al sector bancario tanto vía diferencial de tasa de interés (la fijación de las tasas activas y pasivas ahora está completamente desregulada) como vía dólar futuro (el fuerte aumento del tipo de cambio decidido en diciembre disparó el pago de los títulos ligados al dólar futuro emitidos por el Banco Central durante la gestión previa).

Los predecibles resultados de semejante “terapia del shock” han sido una formidable transferencia de riqueza hacia los sectores más ricos del país, determinando a la vez un retroceso catastrófico para los asalariados y los sectores populares. A pesar de las dificultades que los economistas encontramos a causa del lockout estadístico impuesto por el gobierno sobre el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) y el Ministerio de Trabajo, se han observado un aumento importante de la inflación (8% en abril, la más alta de los últimos 13 años); un fuerte aumento del desempleo (al 30 de abril, 60.024 despidos en el sector público y 64.762 en el privado) y un enorme incremento de la pobreza (que, según un informe de la privada Universidad Católica Argentina, saltó del 29% en 2015 al 34,5% de la población en el primer trimestre de 2016, con un aumento de 1,4 millones de personas).

Si las políticas económicas implementadas por el gobierno y sus resultados eran predecibles, la reacción inicial de los demás actores políticos (la oposición parlamentaria – que tiene quorum propio en ambas cámaras – los sindicatos y los movimientos sociales) durante los primeros cuatro meses de gobierno ha sido toda una sorpresa. No solo no se ha criticado, sino que se han justificado las acciones de Macri, a menudo definidas como un sinceramiento necesario para la economía del país.  

Este paradójico Síndrome de Estocolmo, manifestado por oposición y opinión pública, ha permitido al nuevo gabinete implementar una larga serie de reformas radicales en un lapso de tiempo muy limitado, sorprendiendo a la mayoría de los analistas, que en algunos casos han empezado a hablar de una vuelta a los años noventa (caracterizados tanto por la dureza del ajuste neoliberal como por la ausencia de conflicto social).  

Se acabó el clima favorable

Sin embargo, el clima político y social se ha modificado abruptamente a partir del mes de abril. 

Gracias a una maniobra del controvertido y muy politizado juez Claudio Bonadio, el ejecutivo ha impulsado una causa en contra de la ex presidenta, básicamente acusándola de no haber devaluado el peso para evitar que se disparara el dólar futuro. Pero cuando el juez convocó a la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner (CFK), amenazándola con la prisión preventiva, la militancia kirchnerista salió a la calle en su defensa, transformando su aparición en los foros federales en un gran acto político, en el cual CFK volvió al centro del escenario político-mediático, pronunciando críticas demoledoras al gobierno de Macri y a sus políticas anti populares.

La re-aparición de CFK ha desencadenado un efecto dominó sobre la oposición: para evitar que la ex-presidenta los volviese a desplazar del centro del debate político, los sectores más moderados del peronismo y el sindicalismo (que representa, tradicionalmente, la derecha del movimiento) han impulsado y aprobado una ley que implica la suspensión de todos los despidos por seis meses, a menos que corresponda una doble indemnización. Dicha ley ha sido inmediatamente vetada por Macri, lo cual ha generado una ulterior radicalización de la postura de los sindicatos, que están discutiendo una agenda común de movilización y lucha contra la política laboral del gobierno nacional.

De la misma manera, el gobierno ha sufrido otro duro revés parlamentario cuando no solo la oposición sino también sus aliados de la Unión Cívica Radial y la Coalición Cívica, han votado en contra de la inclusión de funcionarios públicos nacionales en la ley de blanqueo de capitales, lo que hubiese permitido a Macri repatriar a costo cero unos 18 millones de dólares que afirmó poseer en el exterior sin haberlo previamente declarado. Y finalmente, también la privatización de parte de las acciones de la Agencia Nacional de la Seguridad Social (que maneja las jubilaciones y las asignaciones familiares) propuesta por el gobierno ha chocado con una firme oposición parlamentaria.

Si a todo esto se le suman las muy difíciles relaciones diplomáticas con el papa Bergoglio y la Iglesia, a causa de la detención de la activista Milagro Sala en Salvador de Jujuy, se entiende cómo, en el último mes, la luna de miel entre Macri y el país real se ha terminado abruptamente.

El excesivo dogmatismo de la nueva administración en lo económico y también cierta carencia de cultura política y democrática propia de sus miembros (casi la mitad del gobierno está formado por altos ejecutivos de grandes empresas multinacionales) han determinado que Macri desperdiciara rápidamente un enorme capital político. El fantasma de CFK y la actitud más obstruccionista de los sectores parlamentarios peronistas representan una amenaza real para la agenda político-económica futura del gobierno. Si a esto le agregamos la creciente conflictividad sindical y las tensiones sociales generadas por la dura recesión económica en curso, es fácil prever que el gobierno argentino tendrá que enfrentar dificultades crecientes en el futuro próximo. Habiendo dilapidado su capital inicial, ¿será Macri capaz de estar a la altura y rectificar su rumbo de colisión?  

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