A más de 3000 kilómetros de la isla en la que tenía su vida, la representante del pueblo Rapanui y abogada, Tiare Aguilera Hey (39), asumió el rol que ocupa desde hace ya cinco meses: ser constituyente en la Convención Constitucional de Chile y proponer a los pueblos que habitan ese país una nueva Carta Magna. Lo hizo portando una corona de plumas blancas, pieza que forma parte de los atuendos tradicionales de las mujeres de la Isla de Pascua, lugar del que proviene.
Este año se mudó a Santiago de Chile y trabaja en las salas del edificio del ex Congreso Nacional, donde hoy cientos de convencionales, asesores, secretarios, guardias, carabineros, periodistas y otros tantos funcionarios corren para dar forma y sostener a diario el órgano constituyente. Aguilera también corre, en un ritmo de vida sumamente distinto al que llevaba antes de volcarse en su nueva tarea.
Dejó la brisa marina, las playas de arena volcánica, los terrenos extensos, los jardines y la huerta para vivir en un reducido departamento con su familia y estar sumergida de lleno en su trabajo actual, pues el plazo para redactar la nueva Constitución es de solo un año, han transcurrido ya 8 meses, y cada minuto y cada distancia cuentan.