democraciaAbierta: Analysis

¿Hacia dónde va el multilateralismo en América Latina?

Contrario a lo que muchos creen, el multilateralismo no parece condenado a desaparecer en la región

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Miguel González Palacios
8 abril 2022, 9.13pm
Multilateralismo | Andrés Calderón / Manigua Creativa Putumayo / democraciaAbierta

El multilateralismo en América Latina y el Caribe se encuentra en uno de los puntos más críticos de su historia. A las problemáticas expuestas por los autores de este e-book, se suman otras como la desintegración de la Unasur; la crisis de legitimidad de la OEA, agudizada por su controvertido papel en las elecciones bolivianas de 2019; el estancamiento del Mercosur y su creciente competencia con la Alianza del Pacífico; la grave situación financiera que atraviesan organismos como la Organización Panamericana de la Salud y la incapacidad del Sistema Interamericano para lograr una solución negociada en Nicaragua y Venezuela, por mencionar tan sólo algunos ejemplos de esta crisis.

Sin embargo, contrario a lo que muchos creen, el multilateralismo no parece condenado a desaparecer en la región y el rumbo que tome en el futuro próximo dependerá, en buena parte, de los siguientes cuatro factores.

El primer factor tiene que ver con el nuevo “giro a la izquierda” que vive actualmente América Latina. Si la historia del primer “giro a la izquierda” de principios del 2000 se repite, los actuales gobiernos de izquierda de Argentina, Bolivia, México, Nicaragua y Venezuela podrían configurar junto con los gobiernos elegidos recientemente en Chile, Honduras y Perú — a los cuales también podrían sumarse este año Colombia y Brasil— un eje político e ideológico que le diera un nuevo aire al multilateralismo regional. Sin embargo, las izquierdas latinoamericanas de hoy parecen mucho más desconectadas que las de ese entonces, sin un proyecto común y sin un liderazgo como el que ejerció el difunto presidente venezolano, Hugo Chávez. Además, se enfrentan a un escenario político mucho más polarizado donde pesan con fuerza los imaginarios negativos asociados al proyecto bolivariano que impulsó Chávez.

El segundo factor es la posición ambigua que tienen las derechas conservadoras de la región frente al multilateralismo. Si bien es cierto que muchas de ellas tienen un discurso nacionalista que antagoniza con las organizaciones internacionales y con cualquier tipo de intervención externa que “atente” contra la soberanía nacional, en la práctica estas derechas parecen más interesadas en usar el multilateralismo a favor de sus propias agendas particulares que en acabar definitivamente con él.

Un ejemplo de esta ambigüedad es la posición que ha asumido el gobierno del presidente colombiano, Iván Duque, frente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Meses después de pedirle al organismo que investigara los crímenes en Venezuela y de repudiar que ese país le hubiera negado la entrada a una delegación de la Comisión para este fin, Duque le cerró las puertas de su país a la visita de este mismo organismo que pretendía indagar sobre las violaciones a los derechos humanos ocurridas en el marco del Paro Nacional de 2021. Duque finalmente aceptó la visita de la Comisión, pero tras su partida atacó duramente su informe y sigue desconociendo sus recomendaciones.

El tercer factor es la intensificación de la competencia geopolítica entre Estados Unidos y China. Aunque gran parte de la expansión del gigante asiático se ha dado por medio de acuerdos bilaterales, China también se ha declarado defensora del multilateralismo y ha usado a la CELAC como su foro predilecto para el diálogo con los países de la región. Del otro lado, como parte de su estrategia para contener a su rival, Washington también ha buscado robustecer su influencia en organismos regionales como la OEA y el BID, donde también participa China, y podría hacerlo con más fuerza como parte de su “regreso” al multilateralismo, prometido por el actual presidente Joe Biden. Esto sugiere que si bien la rivalidad entre estas dos superpotencias ha producido más fragmentación que integración en nuestra región, también podría ser un elemento que contribuya al fortalecimiento de nuestros organismos multilaterales.

En medio de esta tensión, adoptar un camino de acción conjunta y coordinada se perfila como la única opción para que los países de América Latina y el Caribe puedan poner sus intereses en la balanza y obtener más beneficios que daños de su relación, tanto con Washington como con Beijing. De lo contrario, corren el riesgo de terminar aplastados por el pulso entre estos dos titanes.

La acción colectiva entre los países de la región podría hacerse más compleja, fragmentada y costosa debido a la cantidad y diversidad de actores involucrados

El último factor es la emergencia de nuevos desafíos super enmarañados y la agudización de los que ya enfrentamos hoy en día. Como lo plantea el primer artículo de este e-book, esto debería llevar a la construcción de una gobernanza colaborativa multilateral, multinivel y multiactoral. En ella, además de los Estados, otros actores como los gobiernos locales y regionales, las organizaciones de la sociedad civil, el sector privado y la filantropía juegan un papel cada vez más preponderante frente a las problemáticas globales. Como consecuencia, la acción colectiva entre los países de la región podría hacerse más dinámica, eficiente y cercana a la ciudadanía, pero también corre el riesgo de hacerse más compleja, fragmentada y costosa debido a la cantidad y diversidad de actores involucrados.

Entre estos desafíos de la agenda global se encuentran la gobernanza del ciberespacio y de la inteligencia artificial, el uso de la ingeniería climática, la explotación del fondo marino y de la Antártica, y otros más cercanos e inmediatos como la corrupción transnacional, la gestión de la migración y la conservación de la biodiversidad de las grandes áreas naturales de nuestro hemisferio como la Amazonía y las cuencas del Pacífico y del Caribe.

¿La última retaguardia de la democracia?

Una de las ideas centrales de este e-book es que el multilateralismo es la forma que debe tomar, necesariamente, la acción colectiva para enfrentar los desafíos que enfrenta actualmente la humanidad. Sin embargo, hay otro argumento poderoso que nos mueve en su defensa: el multilateralismo puede ser el último garante de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho frente al avance del autoritarismo, tanto en nuestra región como en el resto del planeta.

El multilateralismo puede ser el último garante de la democracia, los derechos humanos y el Estado de derecho frente al avance del autoritarismo

En el orden mundial liberal que se consolidó después de la Segunda Guerra Mundial, el multilateralismo cumple unas funciones similares a las de una constitución nacional: es esencialmente el conjunto de reglas, principios y valores, acordados entre Estados que se comprometen a respetarlos, que regulan la interacción entre ellos y de ellos con sus ciudadanos. A pesar de sus innegables imperfecciones y contradicciones, el multilateralismo liberal parece ser el último mecanismo para ejercer un contrapeso al creciente poder de los autoritarismos nacionalistas, de izquierda y de derecha, que amenazan la garantía de las libertades civiles, los derechos fundamentales, la separación de poderes y la participación democrática en nuestros países.

Nuestra defensa del multilateralismo liberal no desconoce la necesidad de reformar sus instituciones y mecanismos, que piden cada vez más voces para corregir sus desequilibrios, hacerlos más eficientes y recuperar su legitimidad. Por lo contrario, creemos que estas reformas son necesarias y urgentes para poder vivir en un mundo donde haya más cooperación que conflicto y para evitar una situación de caos y violencia generalizada que nos devuelva al estado de naturaleza del que nos hablaba Hobbes.

En 2026 se cumplirán 200 años del Congreso de Panamá, la primera reunión multilateral entre los gobernantes de las nacientes naciones hispanoamericanas, organizada por Simón Bolívar. Ya es hora de que los países de América Latina y el Caribe pongan a un lado sus diferencias políticas e ideológicas para actuar, colectivamente, frente a los problemas que nos afectan a todos sin distinción de fronteras y para salir de la irrelevancia a la que pareciéramos condenados. La magnitud y la urgencia de los desafíos que enfrentamos nos lo exige.


Este es el artículo de la conclusión del e-book Tejiendo Lazos: El Futuro del Multilateralismo en América Latina publicado por democraciaAbierta

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