La casa de reuniones de la comunidad en San Isidro, en los Andes centrales de Ecuador, había sido especialmente decorada para una ocasión importante. En la pared exterior, un gran estandarte ostentaba el arco iris que celebra la organización indígena regional Movimiento Indígena y Campesino de Cotopaxi (MICC). Afuera, una hoguera crepitaba en el centro de una espiral ceremonial de flores de color púrpura brillante. La ocasión: un encuentro con los líderes de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE).
En el orden del día: estrategias para que las comunidades indígenas de todo el país puedan colaborar en la protección de los paisajes sagrados y en la defensa de los derechos colectivos, labor en la que la gente de San Isidro ha estado involucrada desde hace mucho tiempo. Dos días después, el viernes 20 de noviembre, celebraron un hito en su campaña y una importante victoria para el activismo ambiental indígena en todo el país.
Tras años de organización y campaña, el Director Zonal del Ministerio del Ambiente y Agua de la nación confirmó la petición de la comunidad: la tierra que poseen colectivamente está ahora reconocida formalmente como Área de Protección Hídrica (APH) nacional. Esto no sólo ofrece nuevos niveles de recurso legal, sino que también crea un modelo para que otras comunidades lo sigan, en la tan necesaria protección de ecosistemas únicos.