Los hechos de la historia no se repiten, pero riman, como riman los versos de un largo poema. Escuché más o menos esto de mi amigo Sidney Chalhoub, un prestigioso historiador y profesor de la Universidad de Harvard. También leí una afirmación similar en una de las charlas de Tia Lydia, la odiosa villana de las novelas “El cuento de la doncella” y “Los testamentos”, de la canadiense Margaret Atwood, que describe los horrores de una teocracia cristiana fundamentalista impuesta por la fuerza en algunos de estados de los EE.UU.
Sin duda, el ascenso de la extrema derecha en Brasil a raíz de la Operación Lava Jato rima bastante con el ascenso de la extrema derecha en Italia tras la Operación Mani Pulite. Y ambos riman con el auge del fascismo y el nazismo en Europa en la década de 1930
Bajo la “excusa” de que estaba erradicando la corrupción en el Estado italiano, Mani Pulite destruyó a la élite política con la ayuda de los medios hegemónicos locales, allanando contradictoriamente el camino para que el corrupto, autoritario e inmoral Silvio Berlusconi se convirtiera en el primer ministro de Italia. Estos hechos, ocurridos a principios de los años 90, encontrarían una rima perfecta en Brasil en la segunda década del nuevo milenio, cuando la Operación Lava Jato pasó por encima del Estado democrático de derecho para, con la complicidad de los medios hegemónicos, acusar de corrupción a una parte de la élite política brasileña y servir de base para que, contradictoriamente, el inmoral, autoritario y corrupto Jair Bolsonaro fuese elegido presidente de la República en 2018.