En cualquier guerra, la primera víctima es la información honesta, que es sustituida por la propaganda de las partes beligerantes, cuyo objetivo último es fabricar el enemigo correspondiente y "justificar" las atrocidades perpetradas por una parte contra otra. Por tanto, la guerra sólo es buena para quienes se benefician económica y políticamente de ella.
Con la hercúlea tarea de reconstruir la democracia brasileña e insertar de nuevo a Brasil entre los países en desarrollo del Sur Global, el presidente Luís Inácio Lula da Silva retomó su política exterior en medio de una nueva guerra comercial que involucra indirectamente a los socios comerciales de Brasil: China, Estados Unidos y la Unión Europea. El conflicto bélico directo es entre Rusia y Ucrania.
Pensando en el bienestar de la población brasileña -víctima en los últimos cuatro años de un gobierno tan incompetente como mafioso, cuyo manejo criminal de la pandemia del COVID resultó en una crisis sanitaria sin precedentes y en el casi genocidio del pueblo indígena Yanomami- Lula, como actor internacional, adoptó un discurso pacifista en relación a esta Guerra.