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Tierraplanismo jurídico y Estado de Derecho en Brasil

La hiperpolarización política ha afectado la comprensión de las decisiones que anularon procesos conducidos de forma irregular por Sergio Moro.

Un manifestante sostiene una pancarta que dice 'Todos somos Sergio Moro', refiriéndose al exjuez la Operación Lava Jato
Un manifestante sostiene una pancarta que dice 'Todos somos Sergio Moro', refiriéndose al exjuez la Operación Lava Jato
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Desde hace algunos años, los brasileños nos hemos acostumbrado a condicionar nuestras opiniones a la necesidad de remarcar una determinada postura política. La necesidad de moldear la realidad según nuestras preferencias políticas se manifestó, como de costumbre, en las críticas generalizadas a dos decisiones recientes de la Corte Suprema que anularon algunos procesos conducidos de forma irregular por el exjuez Sergio Moro.

Este artículo aborda algunos efectos de la hiperpolarización política en la comprensión de estas decisiones. La primera fue emitida por el ministro Edson Fachin el 8 de marzo y anula las condenas penales por corrupción contra el expresidente Lula da Silva. La segunda fue adoptada el 23 de marzo por tres de los cinco ministros de la Segunda Sala de la Corte Suprema y declara que Sergio Moro actuó de forma parcializada en los procesos penales contra Lula, por lo que no solo las condenas penales sino todas las actuaciones procesales adelantadas por Moro son nulas. Nuestro argumento es que, pese a las opiniones críticas, tales decisiones son un aliento de racionalidad en un ambiente de “tierraplanismo jurídico”, en el cual es habitual opinar a partir de criterios políticos y no jurídicos.

El atrincheramiento ideológico ha generado una suerte de nihilismo de red social en Brasil, en que parte de la población cree solamente en la información y noticias consistentes con sus propias opiniones. Desde nuestras respectivas burbujas ideológicas, nos sentimos empoderados para opinar con grandilocuencia sobre cualquier asunto en grupos de Whatsapp, Twitter, Facebook, etc… Ello ocurre incluso en ámbitos del conocimiento basados en evidencias científicas, tales como la infectología (hay quienes opinan que la Covid-19 es una simple gripecita mediatizada por la izquierda) o la astronomía (una encuesta de febrero de 2020 reveló que un 7% de la población brasileña es “tierraplanista”, personas que creen en la tesis de la dimensión plana de la Tierra, abandonada desde comienzos de la Edad Moderna en Europa). Si hasta los fenómenos naturales dan lugar a opiniones poco ponderadas en Brasil, no podríamos esperar algo diferente en la interpretación de las decisiones de la Corte Suprema que permiten a Lula –personaje que despierta amor y odio– disputar las elecciones presidenciales de 2022.