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El trabajo y la maternidad en medio de la violencia fronteriza

Las múltiples tragedias no han impedido a esta madre adolescente forjar una nueva vida para su familia en la frontera entre México y Estados Unidos

15 junio 2022, 5.53pm

Graffiti in Juárez, Mexico

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Fernando Loera. All rights reserved

Teresa

No fue mi idea intentar cruzar la frontera con los Estados Unidos. Fue de una amiga. Me dijo: 'Vamos a ver qué hay en los cerros’. Le dije que no, pero ella insistió. Dijo que alguien le había dicho cómo hacerlo. De tanto que insistía, nos fuimos. Nos reímos todo el camino.

Me asusté cuando se hizo de noche. No conocía la zona y temía que nos perdiéramos o que alguien nos hiciera algo. Es muy peligroso allí arriba. Así que empecé a bromear con la idea de que deberíamos dejar que Inmigración nos atrapara.

Entonces eso fue lo que pasó. Cuando mi amiga los vio venir empezó a correr. Yo corrí tras ella, le dije que me esperara, pero en eso ellos se acercaron. Nos atraparon, no entendía lo que decían en inglés y luego nos subieron a la patrulla. Nos trataron bien. Nos llevaron a una oficina y nos hicieron algunas preguntas. No estuve detenida, al cabo de un rato nos llevaron al puente para que nos recogieran. Nos trataron bien.

Mi madre me castigó por dos meses después de eso. Dijo que estábamos locas, pero me hizo reír. Cerca de donde vivo hay mucha gente que cruza o trabaja cruzando a otras personas. La mayoría son jóvenes, de 15 a 20 años. Es parte de la vida aquí.

Me gustaría construir algo que pueda dejar a mis hijos

Terminé la secundaria, pero ya estaba embarazada de cuatro meses de mi hijo cuando empecé la preparatoria. Se me dificultaba mucho por el embarazo, así que tuve que dejar los estudios. También [MG1] tuvimos que ahorrar para el parto. Costó unos 12.000 pesos (600 dólares), y tuvimos que vender nuestra estufa y nuestra nevera para conseguir el dinero. Aparte fue un parto muy complicado.

Ahora tengo dos hijos: una niña y un niño de dos años. El papá del niño falleció cuando yo estaba embarazada. Le dispararon en su casa. Pasaron unos hombres a buscar a uno de sus amigos, pero el chico no estaba allí. Aun así, lo mataron a él y a sus padres.

Ahora vivo con mis padres. No he trabajado desde que nació mi hija y eso ha causado problemas. Cada rato me quieren corren. Mi padre dice que como no tengo trabajo tengo que lavarles la ropa, cocinar para todos ellos, etc. Yo les ayudo por supuesto, pero él quiere que haga más de lo que soy capaz. Mi madre me defiende. Le dice que no puede hablarme así y que ella está ahí para hacer las cosas que él quiere que haga. En momentos así habla de echarnos a todos. Mi madre es la que más me ayuda. Incluso dejó de trabajar en la maquiladora para ayudarme a cuidar a los niños.

He trabajado desde los 14 años. Empecé como mesera, pero lo dejé porque salía muy tarde. Luego trabajé en Movistar (un proveedor de telefonía móvil) durante un año, ofreciendo promociones e intentando que la gente se cambiara. Me despidieron por la pandemia, pero me gustaba mucho ese trabajo.

Trabajaba con un amigo, también ya lo mataron hace un mes. Estaba cruzando la calle cuando empezaron a disparar a un coche. En lo que él iba cruzando, le tocó una bala en la cara. Me da tristeza porque nos llevábamos muy bien. Me contaba todas sus cosas; que su papá no lo quería. Lo invité a que se quedara en mi casa dos semanas. Mi papá se enojó, pero mi mamá me dijo que no le hiciera caso porque no estábamos haciendo nada malo. No conoció a mi hija. Yo me alivié un jueves y a él lo mataron un viernes.

A mi novio y a mí nos gustaría conseguir una casa, pero él no gana mucho y tenemos dos hijos que cuidar. Terminó la prepa con ingeniería, pero ahora mismo está trabajando como albañil arreglando una casa. Mi sueño es vivir sola y volver a estudiar. Me gustaría terminar la preparatoria, conseguir un trabajo para ayudar a mi pareja y construir algo que pueda dejar a mis hijos Quiero una vida mejor para ellos, que no les falte nada, que tengan estudios, que no les falte comida y que tengan un hogar seguro. No quiero que ellos luchen como yo lo he hecho.


Esta historia forma parte de una serie de testimonios de niños y madres que viven en Ciudad Juárez, en la frontera entre México y Estados Unidos. Todos los niños fueron sorprendidos cruzando a los Estados Unidos, ya sea para seguir sus sueños personales o para traficar con personas, y ahora están recibiendo servicios de justicia restaurativa de la ONG Derechos Humanos Integrales en Acción. Los testimonios fueron preparados junto a los defensores de DHIA y han sido editados para mayor claridad. La ilustración del orador es una representación ficticia realizada por Carys Boughton (Todos los derechos reservados). El nombre del orador también ha sido modificado.

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