democraciaAbierta: Opinion

Qué hacer para que Bolsonaro no vuelva

Bolsonaro tiene grandes posibilidades de llegar a la segunda vuelta en 2026, y quienes quieran impedirlo necesitan actuar en cuatro frentes complementarios

Pedro Telles
10 noviembre 2022, 12.00am

Jair Bolsonaro, en diciembre 2020

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Eduardo Valente / Alamy Stock Photo

Jair Bolsonaro perdió las elecciones, pero no se irá de la escena pronto.

Sigue siendo el mayor líder del campo político de la derecha, y el bolsonarismo se consolida como un movimiento fuerte dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.

En las condiciones actuales, Bolsonaro tiene grandes posibilidades de llegar con fuerza a la segunda vuelta en 2026. Si queremos evitarlo, los distintos grupos tendrán que moverse simultáneamente en cuatro frentes complementarios:

  1. la construcción de una candidatura viable para 2026 por parte de la derecha democrática;
  2. la reconstrucción de la capacidad de la izquierda para orientar el debate público, aunque ello implique el cuestionamiento de las posturas del nuevo gobierno de Lula;
  3. la debida rendición de cuentas de Bolsonaro por sus crímenes; el continuo fortalecimiento de la capacidad de los organismos gubernamentales, la sociedad civil, los medios de comunicación y las plataformas digitales para hacer frente a la máquina de desinformación y el discurso de odio de la extrema derecha.
  4. el refuerzo continuo de la capacidad de los organismos gubernamentales, la sociedad civil, los medios de comunicación y las plataformas digitales para contrarrestar la maquinaria de desinformación y discurso del odio de la extrema derecha.

Empezando por la construcción de una candidatura viable en la derecha democrática, la realidad es que hoy Bolsonaro está muy por delante de cualquier nombre que pueda desafiar a Lula (o un nombre propuesto por Lula) en las elecciones de 2026. Un escenario a evitar es que esta porción de la derecha simplemente se repliegue en una posición de antipetismo estéril - esto es exactamente lo que Bolsonaro quiere, porque es el territorio donde su reino es absoluto.

La derecha democrática, que se unió a la izquierda para derrotar a Bolsonaro, tendrá inevitablemente críticas al gobierno de Lula. Pero también tendrá el doble desafío de encontrar la manera de hacer estas críticas sin fortalecer a Bolsonaro, y construir una alternativa capaz de sacar a Bolsonaro (o a su candidato) de la segunda vuelta en las próximas elecciones.

En el ámbito de la izquierda, el reto es reconstruir la capacidad de orientar el debate público, aunque ello suponga cuestionar las posiciones del nuevo gobierno de Lula, y hacerlo de forma hábil para evitar trampas. Con el dominio de la voz de la extrema derecha en los últimos años, hemos normalizado absurdos que deben volver a ser vistos como absurdos. Es necesario mover el péndulo del debate público hacia la izquierda, para que el ciudadano medio vuelva a repudiar las ideas extremistas de Bolsonaro que se han vuelto aceptables - y sólo la propia izquierda puede liderar este movimiento.

Lula, por la fuerza de las circunstancias, se acercó más que nunca a la derecha para ganar las elecciones. En este contexto, es probable que la izquierda tenga que adoptar una postura crítica sobre algunas de las decisiones de su gobierno desde un frente amplio si quiere liderar el debate. Si no está dispuesto a hacerlo, la extrema derecha seguirá haciéndolo. El principal cuidado aquí será aportar tensiones constructivas y propositivas que ayuden al propio Lula a mover también el péndulo hacia la izquierda - y no tensiones que faciliten la vida de una extrema derecha que crece con el antipetismo y la antipolítica estériles.

La rendición de cuentas de Bolsonaro por sus crímenes debe ocurrir rápidamente y con fuerza

En cuanto a la rendición de cuentas de Bolsonaro por sus crímenes, esto debe ocurrir rápidamente y con fuerza. La lista de delitos cometidos por el actual presidente es larga, está muy bien documentada y ha generado ya varias demandas. Hasta ahora, ha conseguido mantenerse blindado gracias a una combinación bien elaborada del foro privilegiado de la oficina, el armamento de la policía, el apoyo de un Fiscal General que se ha desviado totalmente de las funciones de la oficina, y la compra de apoyos mediante prácticas corruptas como el presupuesto secreto.

Bolsonaro busca la manera de librarse de la justicia, pero sabemos por la historia de la dictadura que él mismo defiende que el precio de dejar impune a un gobernante explícitamente autoritario y notoriamente criminal es demasiado alto para la democracia. Tiene que pagar por lo que hizo -lo que lo dejaría inelegible en 2026, pero no acabaría con el bolsonarismo ni anularía la posibilidad de elegir un sucesor, de ahí la importancia de los otros puntos presentados en este texto.

Por último, sigue siendo urgente seguir reforzando la capacidad de los organismos gubernamentales, la sociedad civil, los medios de comunicación y las plataformas digitales para hacer frente a la maquinaria de desinformación y el discurso del odio de la extrema derecha.

Es importante destacar que se ha hecho mucho en esta dirección en los últimos años: los poderes Legislativo y Judicial han avanzado en las medidas preventivas, fiscalizadoras y sancionadoras; un número importante de organizaciones y movimientos de la sociedad civil han situado la lucha contra la desinformación y el discurso de odio en el centro de sus acciones; medios de comunicación de diversos perfiles se han dedicado a actuar con mayor firmeza y agilidad; y las grandes plataformas digitales han reforzado sus compromisos y prácticas de forma relevante, aunque insuficiente.

Sin embargo, aunque hemos evitado un desastre de las mismas proporciones que el que vimos en 2018, la situación sigue siendo desastrosa. Siguen existiendo amplias redes, bien coordinadas y financiadas, que pretenden sabotear la democracia, esquivando las barreras impuestas y causando graves impactos.

Y aquí cabe destacar un rasgo central de su estrategia: la extrema derecha domina la agenda pública enterrando a la sociedad con un alto volumen, alcance y frecuencia de contenidos, de los más variados tipos y provenientes de los más variados canales - mientras que la mayor parte del campo democrático sigue respondiendo con materiales que incluso pueden estar bien elaborados, pero cuya producción y distribución no están pensadas para enfrentar el tipo de guerra comunicacional que estamos viviendo.

Además de poner freno al extremismo, también hay que actualizar las estrategias y tácticas del campo democrático en su conjunto. Algunas experiencias recientes que apuntan en esta dirección son la extinta plataforma Bolsoflix dedicada a la distribución de videos opositores a Bolsonaro en las apps de mensajería, la campaña Olha o Barulhinho que contribuyó a revertir la tendencia histórica de disminución del número de jóvenes que obtienen sus títulos electorales, y la movilización #TôComLula mediante la cual la campaña de Lula construyó una red de cientos de grupos de WhatsApp con gestión descentralizada.

Ninguno de los cuatro frentes de acción explorados en este texto es simple o trivial. Todos requieren un fuerte compromiso de recursos, tiempo y capital político.

Pero lo peor que podemos hacer ahora es creer que la democracia ganó la guerra. Se ganó una batalla muy importante, pero Bolsonaro y los bolsonaristas no se detuvieron ni un día, y el campo democrático tampoco puede detenerse.

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Este artículo apareció también en portugués en UOL. Léalo aquí

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