En abril de 2021, la deforestación en la Amazonia brasileña batió récords mundiales. Con un total de 580,55 kilómetros cuadrados de selva perdida en sólo un mes, el vasto país alcanzó un nuevo máximo, según el Sistema de Detección de Deforestación de la Amazonia en Tiempo Real (Deter). En 2020, la cifra total fue de unos 8.500 kilómetros cuadrados de bosque deforestado sólo en esta región.
Ese mismo mes, durante la Cumbre de Líderes sobre el Clima encabezada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, de extrema derecha, se comprometió a tomar medidas serias para erradicar la deforestación en su país para 2030. Sin embargo, desde que llegó al poder, la devastación de la selva amazónica ha alcanzado cotas altísimas, y su política medioambiental ha sido ampliamente criticada mientras ha venido retirando fondos de las principales instituciones que garantizaban la conservación.
De hecho, su exministro de medio ambiente Ricardo Salles, dimitió en medio de una investigación por el presunto delito de tráfico de madera y fue sustituido por Joaquim Alvaro, que fue miembro durante 23 años miembro de la Sociedad Rural Brasileña (SRB) dedicada a defender los intereses de la agroindustria brasileñas.