democraciaAbierta: Analysis

Brasil: promesas vacías

El país más grande de América Latina es uno de los más agresivos contra la lucha para frenar el cambio climático

Juanita Rico
26 octubre 2021, 12.00am
Deforestación en Brasil, monitoreo hecho el 9 de julio de 2020.C
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Foto: Christian Braga/ Greenpeace.

En abril de 2021, la deforestación en la Amazonia brasileña batió récords mundiales. Con un total de 580,55 kilómetros cuadrados de selva perdida en sólo un mes, el vasto país alcanzó un nuevo máximo, según el Sistema de Detección de Deforestación de la Amazonia en Tiempo Real (Deter). En 2020, la cifra total fue de unos 8.500 kilómetros cuadrados de bosque deforestado sólo en esta región.

Ese mismo mes, durante la Cumbre de Líderes sobre el Clima encabezada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, Jair Bolsonaro, el presidente de Brasil, de extrema derecha, se comprometió a tomar medidas serias para erradicar la deforestación en su país para 2030. Sin embargo, desde que llegó al poder, la devastación de la selva amazónica ha alcanzado cotas altísimas, y su política medioambiental ha sido ampliamente criticada mientras ha venido retirando fondos de las principales instituciones que garantizaban la conservación.

De hecho, su exministro de medio ambiente Ricardo Salles, dimitió en medio de una investigación por el presunto delito de tráfico de madera y fue sustituido por Joaquim Alvaro, que fue miembro durante 23 años miembro de la Sociedad Rural Brasileña (SRB) dedicada a defender los intereses de la agroindustria brasileñas.

Bolsonaro y su gabinete defienden la explotación sin límite de los recursos naturales en la región amazónica, incluso en las reservas indígenas, y ha facilitado que quienes atacan directamente al medio ambiente, como las empresas mineras, el agronegocio y los comerciantes ilegales de madera, cumplan con creces sus objetivos.

De hecho, en 2019, democraciaAbierta reveló que Bolsonaro tenía planes secretos para facilitar la tala de la Amazonía azuzando una campaña de odio contra las comunidades indígenas que la habitan y protegen.

El resultado de todo esto es que Bolsonaro ha sido descrito por la revista Rolling Stone como "El negacionista del clima más peligroso del mundo".

En este contexto, levantó una gran sorpresa cuando, el pasado 19 de octubre, él y el presidente colombiano, Iván Duque, se aliaron durante la visita del presidente colombiano a Brasil y declararon que irán juntos a la COP26, unidos por un objetivo: defender la Amazonia.

"Llegaremos juntos a Glasgow para abordar un tema muy importante y querido para nosotros: nuestra querida, rica y amada región amazónica", dijo Bolsonaro tras reunirse con Duque en el palacio presidencial de Planalto, en Brasilia, la capital de Brasil.

También dijo que quiere trabajar por una transición energética eficiente, por la reducción de emisiones. También insistió, para sorpresa e incredulidad de muchos, que para 2030 no habrá deforestación en Brasil.

Aunque parecería un cambio positivo, los observadores internacionales señalan que Brasil aún no ha registrado oficialmente sus planes y promesas en los instrumentos e organizaciones internacionales. Además, el país lleva seis años consecutivos prometiendo la deforestación cero para 2030, desde que la expresidenta Dilma Rousseff lo prometiera en la Asamblea General de la ONU.

Otra realidad deprimente es que, más allá de sus promesas, Brasil no presentará una nueva NDC (Contribución Nacionalmente Determinada al esfuerzo global para reducir las emisiones) en Glasgow. Esto demuestra que no existe un camino definido para alcanzar las promesas retóricas que el país está haciendo, sin ninguna evidencia de que las piensa cumplir.

Ivan Duque & Jair Bolsonaro
Iván Duque | Jair Bolsonaro | CC BY 3.0/Xinhua/Ernesto Rodrigues/AGENCIA ESTADO. Todos os direitos reservados.

Los expertos en clima han señalado que la nueva NDC de Brasil, presentada el pasado mes de diciembre, en realidad permite que el país contamine más que el anterior objetivo presentado en 2015, ya que permitirá que Brasil emita unos 400 millones de toneladas de carbono más que el objetivo que se fijó hace seis años.

Como parte de esa NDC de diciembre de 2020, Brasil estableció un objetivo indicativo para alcanzar el cero neto en 2060, diez años más de lo que el presidente está prometiendo en público. Para lograr ese objetivo, la NDC también estableció una condición: la recepción de transferencias financieras. Tras el anuncio de Bolsonaro en la Cumbre Climática de Líderes que organizó Joe Biden, el país no proporcionó información específica en su NDC después de la Cumbre, por lo que hay dudas de si era un anuncio real y no hay evidencia de un plan para que se cumpla.

Lo cierto es que si, como es más que probable, la cifra de deforestación del país sigue aumentando, no hay forma plausible de que alcance los objetivos de 2030 o 2050. Durante lo que va de la presidencia de Bolsonaro, ha habido un desmantelamiento sistemático de los marcos institucionales y legales de Brasil para la protección de los bosques, lo que lleva al país en la dirección opuesta a sus compromisos declarados, de cara a la galería.

La realidad es que, dado el papel fundamental del sector de Uso de la Tierra y Bosques en la NDC de Brasil y lo que sus bosques tropicales significan para el mundo (actúan como pulmones para todo el planeta), Bolsonaro tiene que fortalecer las acciones y políticas de mitigación ahora, con toda urgencia, en lugar de seguir debilitándolas.

Como en la mayoría de los países amazónicos, los intereses políticos y privados parecen estar por encima de la conservación del planeta

Sin embargo, como en la mayoría de los países amazónicos, los intereses políticos y privados parecen estar por encima de cualquier objetivo de conservación del planeta. En cuanto a Bolsonaro, hasta que no haya pruebas sólidas y verificables, hay que dudar de sus compromisos y trabajar con la certeza de lo que ha demostrado, más allá de su odio a los indígenas: un desprecio absoluto de cómo la deforestación afecta al creciente e insoportable calentamiento global del mundo.

Bolsonaro se presenta a la reelección el año que viene, y su principal contrincante será muy probablemente el popular expresidente Luiz Inácio Lula da Silva -conocido como Lula-, del Partido de los Trabajadores. Lula fue encarcelado por un juez estrella que pasó a ser ministro de Justicia en el gobierno de extrema derecha de Bolsonaro, aunque a principios de este año, se dictaminó que el juez fue parcial en su veredicto, y el ex presidente fue absuelto de todos los cargos.

Lula aventaja actualmente en un 20% a Bolsonaro en las encuestas para las elecciones presidenciales, previstas para octubre del año que viene. Durante su último mandato como presidente, la deforestación de la Amazonia se redujo significativamente, con Marina Silva, una conocida militante ambientalista, como ministra del ramo, y con el activista del Partido Verde brasileño y destacado músico Gilberto Gill fue su ministro de Cultura.

Bolsonaro, que ha sido bautizado como el Trump de los trópicos, ha sido visto por muchos como uno de los principales bloqueos a la acción climática a nivel mundial, en un país que fue líder al organizar la primera gran cumbre climática en Río de Janeiro en 1992, conocida como Cumbre de la Tierra. Ahora todos los que se preocupan por el cambio climático estarán siguiendo la elección de cerca. Brasil debe volver al lugar que le corresponde.

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