Nunca había pensado en cruzar la frontera con Texas. Pero en ese momento, cambié de opinión. Quería saber qué se sentía estar allí. Conocer ese lugar. No pensaba quedarme allí; iba de entrada por salida. Quería ver. Había escuchado muchas cosas de allá. Como dicen que está mejor, yo quería ver cómo eran los Estados Unidos.
Al principio sentí miedo. Pero una vez en cuanto empezamos a cruzar, me sentí emocionado. Al estar ahí me animé y entró la adrenalina. Éramos cuatro: yo, mi cuñado y otros dos. Tardamos tres horas en cruzar. Estábamos esperando que la madre de mi cuñado nos recogiera, pero ella misma se estaba escondiendo de la Patrulla Fronteriza y nunca llegó. Al final, intentamos avanzar de todos modos y fue entonces cuando Inmigración de Estados Unidos nos atrapó. Iban a caballo.