Con su visita a China la semana pasada, Luiz Inácio Lula da Silva movió el peón de Brasil en el tablero del ajedrez político internacional. Aunque siga promoviendo una posición oficial de neutralidad, el presidente brasileño criticó el rol de Estados Unidos en la guerra rusa en Ucrania al defender que el gobierno Biden incentiva el combate al armar los ucranianos.
Las declaraciones de Lula reverberaron de forma negativa en Ucrania y en parte del Norte Global, que las interpretaron como un posicionamiento claro en apoyo a Rusia. En anticipación a su visita a China, Lula ya había sugerido que Ucrania cediera a Crimea para poner fin a la guerra. “Ucrania aprecia los esfuerzos del presidente de Brasil para encontrar una solución para detener la agresión rusa”, dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ucrania, Oleg Nikolenko. “Al mismo tiempo, debemos señalar claramente: Ucrania no comercia con sus territorios.”
El discurso de Lula en China incitó una respuesta aún más contundente de los norteamericanos, que argumentaron que Lula ha adoptado una clara oposición a Washington – lo que contradice su supuesta afirmación de neutralidad. No están equivocados. Lula de hecho parece más interesado en promover la inserción de Brasil como pieza fundamental en el reordenamiento de los poderes globales que en mantener su relación con su poderoso vecino del norte.