A veces pienso en las personas que han muerto al cruzar de México a Estados Unidos. Se han ahogado, se han perdido o han muerto. Pero querían intentarlo. Cruzar: ese era su sueño.
Recuerdo la vez que llevé a un hombre al otro lado de la frontera. Unos hombres habían pasado buscando a un tipo que conocían y que trabajaba como coyote. Como no lo encontraron, me preguntaron si quería ir. No tenía trabajo y me ofrecieron 150 dólares. Les dije que sí.
Se arriesga mucho al cruzar. Puede pasar cualquier cosa en el camino. Te pueden agarrar, pero eso no es lo peor porque si eres menor de 18 años, la inmigración estadounidense te deja ir. Mucho peor son las formas en que puedes morir. A veces los hombres a los que llevas al otro lado quieren matarte. Los soldados también pueden matarte si te ven.