Empecé a trabajar a los 15 años. Primero encontré un trabajo en una tienda de telas y durante un tiempo viví con una tía. Luego, a los 16 años, me trasladé a Juárez y entré en la maquiladora. En aquella época se podía conseguir un trabajo en una fábrica con sólo un diploma de primaria y un certificado de nacimiento.
Empecé en el almacén de una fábrica de lentes de plástico. Empaquetábamos los lentes y las enviábamos a China, donde se añadían las monturas. Era un trabajo ligero, de oficina. Me gustaba. Desde entonces he trabajado en muchas maquiladoras diferentes, siempre en maquila. La pandemia cambió eso. Al principio me descansaron sin paga. Luego me pidieron que volviera a trabajar, pero no me pagaban el total, a veces la mitad, a veces incluso menos. Tuve que renunciar.