democraciaAbierta: Opinion

Lo que la ONU hizo y debe deshacer en Papúa Occidental

El ecocidio de las selvas tropicales y el genocidio de sus pueblos indígenas van de la mano en Papúa Occidental sin que la ONU haya sido capaz de corregir un crimen devastadoramente injusto

Julie Wark
23 enero 2023, 12.42pm
Miembros de la tribu Dani en el Valle de Baliem, en Papúa Occidental
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christophe viseux / Alamy Stock Photo

Carta abierta al Secretario General de la ONU, António Guterres

Estimado António Guterres,

Usted ha dicho, con razón: "Estamos en una autopista hacia el infierno climático con el pie todavía en el acelerador". Para la mayoría de la gente se trata de algo evidente.

Lo que no es tan evidente es que el pie de la ONU ha sido uno de los más pesados desde hace más de seis décadas, debido a su papel en el genocidio encubierto de Papúa Occidental que tiene (o tenía) la tercera selva tropical más grande del mundo después del Amazonas y la RD del Congo.

Este hecho está directamente relacionado con el "infierno climático" producto de los claros vínculos entre ecocidio y genocidio, ambos crímenes contra la humanidad con su atroz “desprecio del derecho intrínseco a la existencia de sistemas de vida alternativos por parte del derecho internacional”, aunque el ecocidio no esté oficialmente reconocido como tal.

Usted conocerá la historia de la recolonización de Papúa Occidental, tan enrevesada que no resulta fácil encontrar un comienzo. Podríamos empezar por el (casi seguro) asesinato del segundo secretario general de la ONU, la abyecta preocupación de la ONU por su propia imagen en la Guerra Fría, los intereses geopolíticos-petroleros, la CIA, el M16 y hombres como Allen Dulles, presidentes y generales indonesios para quienes el asesinato y el genocidio son herramientas políticas, todos ellos enredados en tramas y subtramas.

Sin embargo, mi intención es recordarlo públicamente, porque muy pocos saben lo que ocurrió y está ocurriendo en Papúa Occidental y cuál es la responsabilidad de la ONU en ello. Es posible que algunas personas que lean mi carta se sumen para pedir a la ONU que rinda cuentas, y a usted, como su máximo responsable, le insten a corregir esta espantosa injusticia.

Todo empezó no mucho después de las gloriosas promesas de la Carta de la ONU (1945) con su Capítulo XI (Artículo 73) relativo a los territorios no autónomos; la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ratificada en 1948); la Resolución 1514 (1960) sobre el fin del colonialismo; y el Comité Especial de Descolonitzación. En esos años, las dos grandes potencias de la ONU -Estados Unidos y la Unión Soviética- competían por ampliar su influencia en el mundo neocolonial y la ONU cedió ante las presiones. Sacrificar Papúa Occidental mediante unos pocos bolígrafos -ninguno en poder de ningún papú occidental- parecía ser la opción más sencilla. El resultado fue tan atroz que -para los papúes occidentales-, el documento de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio | OHCHR no merece ni tan siquiera el papel en el que está escrito, como explicaré a continuación. Usted habla, al referirse al cambio climático, de proteger a "los más vulnerables".

Entonces, por favor, haga precisamente eso, empezando por las personas que la ONU ha contribuido a empujar a esta categoría. Como jefe de las Naciones Unidas, es su deber reparar la injusticia cometida hace seis décadas, cuando lo que era conveniencia política para una institución internacional indiferente se convirtió, para el pueblo de Papúa Occidental, en una larga memoria passionis, su memoria de sufrimiento.

Papúa Occidental, la mitad occidental de la isla de Nueva Guinea, está habitada por pueblos melanesios (no asiáticos) desde hace más de 40.000 años. Hasta el siglo XVI vivían en pequeñas aldeas dispersas, lo que dio lugar a una extraordinaria diversidad etnolingüística con unas 428 lenguas regionales. Nueva Guinea fue bautizada así por los exploradores españoles en 1546 porque a alguien le recordó al país africano de Guinea, donde la isla de Bioko fue un importante puesto de comercio de esclavos. Como reflejo de su historia colonial, Papúa Occidental ha tenido muchos nombres y, en 2022, Indonesia aprobó una nueva ley que multiplicaba los nombres y la dividía en cinco provincias (es decir comandos militares). Los holandeses fueron los primeros en establecer una presencia colonial, pero después de 1660 concedieron a su estado vasallo, el sultanato de Tidore, la soberanía sobre Nueva Guinea, nunca reconocida por los indígenas -algunos de ellos fueron tomados como esclavos- hasta 1828 cuando reclamaron la mitad occidental de la isla, dividiéndola cartográficamente con una tosca línea norte-sur en el centro, cortando grupos tribales y sus hábitats: manglares, ríos, selva y montañas. Sin embargo, el control neerlandés seguía siendo mínimo: sólo cubría el 5% del territorio.

Cuando las Indias Orientales neerlandesas se convirtieron en la Indonesia independiente en 1949, los holandeses intentaron retener Papúa Occidental, afirmando que su población estaba separada y nunca formó parte de la antigua colonia. Nueva Guinea neerlandesa siguió siendo una colonia no autónoma, reconocida como tal por las Naciones Unidas. Papúa Occidental nunca formó parte de una nación llamada "Indonesia", nunca se unió a los indonesios en la lucha por la independencia y nunca acogió con satisfacción el proyecto indonesio de "liberarlos" del dominio holandés en 1961. Papúa Occidental reclamaba la autodeterminación.

Detrás de las maniobras diplomáticas estaba el petróleo. En 1930, la empresa Rockefeller había advertido el potencial de recursos del territorio y deseaba que los holandeses se marcharan. Pero la Netherlands New Guinea Petroleum Company (con un 60% de intereses estadounidenses) y la Royal Dutch Shell fracasaron deliberadamente en su intento de "encontrar" petróleo. No necesitaban encontrarlo. Sabían dónde estaba. Allen Dulles, jefe de la CIA durante la Guerra Fría, mantuvo el secreto durante casi tres décadas. Como informa Greg Poulgrain, había un plan: "Nos (beneficiaremos), tan pronto como Hollande esté fuera". De hecho, Poulgrain fue informado por "dos ex ministros de Asuntos Exteriores indonesios" de que el ejército indonesio recibió millones de dólares de una "fuente estadounidense" para su campaña contra los holandeses.

En el interín el pueblo de Papúa Occidental se organizaba. Entre 1959 y 1961, votaron directamente a los consejos regionales. En diciembre de 1961, crearon el Consejo de Nueva Guinea Occidental con una bandera y un himno nacionales, solicitando a todas las naciones que respetaran el derecho de autodeterminación del país. Fueron tan eficaces que, en nombre de la "liberación" de Papúa Occidental del dominio holandés, el presidente Sukarno envió tropas armadas para infiltrarse en el país. En agosto de 1962 y bajo la presión de Estados Unidos, Holanda e Indonesia firmaron el Acuerdo de Nueva York. En octubre los Países Bajos transfirieron su administración colonial a una Autoridad Ejecutiva Temporal de las Naciones Unidas (UNTEA).

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Papúa Occidental, la mitad occidental de la isla de Nueva Guinea, está habitada por pueblos melanesios (no asiáticos) desde hace más de 40.000 años. Hasta el siglo XVI vivían en pequeñas aldeas dispersas, lo que dio lugar a una extraordinaria diversidad etnolingüística con unas 428 lenguas regionales. Nueva Guinea fue bautizada así por los exploradores españoles en 1546 porque a alguien le recordó al país africano de Guinea, donde la isla de Bioko fue un importante puesto de comercio de esclavos. Como reflejo de su historia colonial, Papúa Occidental ha tenido muchos nombres y, en 2022, Indonesia aprobó una nueva ley que multiplicaba los nombres y la dividía en cinco provincias (es decir comandos militares).

Los holandeses fueron los primeros en establecer una presencia colonial, pero después de 1660 concedieron a su estado vasallo, el sultanato de Tidore, la soberanía sobre Nueva Guinea, nunca reconocida por los indígenas -algunos de ellos fueron tomados como esclavos- hasta 1828 cuando reclamaron la mitad occidental de la isla, dividiéndola cartográficamente con una tosca línea norte-sur en el centro, cortando grupos tribales y sus hábitats: manglares, ríos, selva y montañas. Sin embargo, el control neerlandés seguía siendo mínimo: sólo cubría el 5% del territorio.

Cuando las Indias Orientales neerlandesas se convirtieron en la Indonesia independiente en 1949, los holandeses intentaron retener Papúa Occidental, afirmando que su población estaba separada y nunca formó parte de la antigua colonia. Nueva Guinea neerlandesa siguió siendo una colonia no autónoma, reconocida como tal por las Naciones Unidas.

Papúa Occidental nunca formó parte de una nación llamada "Indonesia", nunca se unió a los indonesios en la lucha por la independencia y nunca acogió con satisfacción el proyecto indonesio de "liberarlos" del dominio holandés en 1961. Papúa Occidental reclamaba la autodeterminación.

Detrás de las maniobras diplomáticas estaba el petróleo. En 1930, la empresa Rockefeller había advertido el potencial de recursos del territorio y deseaba que los holandeses se marcharan. Pero la Netherlands New Guinea Petroleum Company (con un 60% de intereses estadounidenses) y la Royal Dutch Shell fracasaron deliberadamente en su intento de "encontrar" petróleo. No necesitaban encontrarlo. Sabían dónde estaba. Allen Dulles, jefe de la CIA durante la Guerra Fría, mantuvo el secreto durante casi tres décadas. Como informa Greg Poulgrain, había un plan: "Nos (beneficiaremos), tan pronto como Hollande esté fuera". De hecho, Poulgrain fue informado por "dos ex ministros de Asuntos Exteriores indonesios" de que el ejército indonesio recibió millones de dólares de una "fuente estadounidense" para su campaña contra los holandeses.

En el interín el pueblo de Papúa Occidental se organizaba. Entre 1959 y 1961, votaron directamente a los consejos regionales. En diciembre de 1961, crearon el Consejo de Nueva Guinea Occidental con una bandera y un himno nacionales, solicitando a todas las naciones que respetaran el derecho de autodeterminación del país. Fueron tan eficaces que, en nombre de la "liberación" de Papúa Occidental del dominio holandés, el presidente Sukarno envió tropas armadas para infiltrarse en el país. En agosto de 1962 y bajo la presión de Estados Unidos, Holanda e Indonesia firmaron el Acuerdo de Nueva York. En octubre los Países Bajos transfirieron su administración colonial a una Autoridad Ejecutiva Temporal de las Naciones Unidas (UNTEA).

Papúa Occidental nunca formó parte de una nación llamada "Indonesia". Papúa Occidental reclamaba la autodeterminación.

Nueva Guinea neerlandesa siguió siendo una colonia no autónoma, reconocida como tal por las Naciones Unidas. Papúa Occidental nunca formó parte de una nación llamada "Indonesia", nunca se unió a los indonesios en la lucha por la independencia y nunca acogió con satisfacción el proyecto indonesio de "liberarlos" del dominio holandés en 1961. Papúa Occidental reclamaba la autodeterminación.

Detrás de las maniobras diplomáticas estaba el petróleo. En 1930, la empresa Rockefeller había advertido el potencial de recursos del territorio y deseaba que los holandeses se marcharan. Pero la Netherlands New Guinea Petroleum Company (con un 60% de intereses estadounidenses) y la Royal Dutch Shell fracasaron deliberadamente en su intento de "encontrar" petróleo. No necesitaban encontrarlo. Sabían dónde estaba. Allen Dulles, jefe de la CIA durante la Guerra Fría, mantuvo el secreto durante casi tres décadas. Como informa Greg Poulgrain, había un plan: "Nos (beneficiaremos), tan pronto como Hollande esté fuera". De hecho, Poulgrain fue informado por "dos ex ministros de Asuntos Exteriores indonesios" de que el ejército indonesio recibió millones de dólares de una "fuente estadounidense" para su campaña contra los holandeses.

En el interín el pueblo de Papúa Occidental se organizaba. Entre 1959 y 1961, votaron directamente a los consejos regionales. En diciembre de 1961, crearon el Consejo de Nueva Guinea Occidental con una bandera y un himno nacionales, solicitando a todas las naciones que respetaran el derecho de autodeterminación del país.

Fueron tan eficaces que, en nombre de la "liberación" de Papúa Occidental del dominio holandés, el presidente Sukarno envió tropas armadas para infiltrarse en el país. En agosto de 1962 y bajo la presión de Estados Unidos, Holanda e Indonesia firmaron el Acuerdo de Nueva York. En octubre los Países Bajos transfirieron su administración colonial a una Autoridad Ejecutiva Temporal de las Naciones Unidas (UNTEA).

El Acuerdo de Nueva York reconoce claramente el derecho de Papúa Occidental a la autodeterminación, que debía resolverse con un "Acta de Libre Elección" antes de finales de 1969. Sin embargo, en mayo de 1963, cuando Indonesia asumió la administración, Papúa Occidental era un país ocupado con 15.000 soldados indonesios en el lugar. De hecho, el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas afirma incluso que "Nueva Guinea neerlandesa se unió a Indonesia en 1963 como Irian Jaya", reconociendo así que Indonesia se anexionó Papúa Occidental mucho antes de la llamada Ley de Libre Elección.

Por lo tanto, cualquier "elección" “libre” era imposible, y la farsa de 1969 debía ser reconocida como nula y sin efecto.

La comunidad internacional tiene el deber de intervenir en una época de crisis climática, cuando otras comunidades vulnerables se ven amenazadas por los efectos dominó del ecocidio

Como administrador de un territorio que “no ha alcanzado todavía la plenitud del gobierno propio”, Indonesia estaba obligada por el Artículo 73 de la Carta de la ONU a "aceptar como un deber sagrado (subrayado mío) la obligación de promover al máximo... el bienestar de los habitantes". El objetivo último del "deber sagrado" era la autodeterminación. Indonesia, que sigue estando jurídicamente obligada, ha intentado eludir su responsabilidad con lo que denomina "autonomía especial" en el marco del Estado indonesio.

Además, dado que la autodeterminación en un contexto colonial es un derecho erga omnes, la comunidad internacional tiene el deber de intervenir especialmente ahora en una época de crisis climática, cuando otras comunidades vulnerables se ven amenazadas por los efectos dominó del ecocidio que Indonesia produce impunemente durante sesenta años.

Entre bastidores del Acuerdo de Nueva York, el general Nasution, jefe del Estado Mayor del ejército indonesio, voló a Moscú para ultimar un acuerdo masivo de armas ante la amenaza de Sukarno en 1961 (también apoyada por China) de anexionarse Papúa Occidental por la fuerza.

El presidente Kennedy se encontró ante la disyuntiva del apoyo de la Unión Soviética a Indonesia (con su estratégico estrecho de Malaca) y el compromiso de Estados Unidos con Holanda como aliado de la OTAN. En medio de todo ello se produjo la muerte -también en 1961- del secretario general de la ONU, Dag Hammarskjöld, junto con otras catorce personas en un accidente aéreo en lo que hoy es Zambia.

Una carta del 12 de septiembre de 2019 (firmada por usted mismo) revela que Mohamed Chande Othman, que estaba investigando la muerte de Hammarskjöld, encontró "a) probables interceptaciones por parte de Estados miembros de comunicaciones relevantes; b) la capacidad de las fuerzas armadas de Katanga u otras para haber organizado un posible ataque contra el avión del Secretario General (incluyendo aviones, así como aeródromos y pistas de aterrizaje); y c) la presencia en la zona de paramilitares extranjeros, incluidos pilotos, y personal de inteligencia". Othman declaró al mismo tiempo que "es altamente probable que exista información específica e importante, pero que no haya sido revelada por un pequeño número de Estados miembros".

Otra información relativa a una tal "Operación Celeste" del Instituto Sudafricano de Investigación Marítima (SAIMR), hecha pública por el obispo Desmond Tutu cuando se desenterraron documentos durante las audiencias de la Comisión Sudafricana de la Verdad y la Reconciliación, muestra que el SAIMR era una organización clandestina de supremacía blanca que trabajaba con agencias extranjeras, incluidos los servicios de inteligencia británicos y la CIA.

En algunas de las investigaciones sobre las actividades de los servicios de inteligencia estadounidenses dirigidas por el senador demócrata Frank Church, se citó un extracto de la Operación Celeste. "La ONU se está volviendo problemática y se considera que Hammarskjöld debe ser destituido. Allen Dulles está de acuerdo y prometió la plena cooperación de su gente". Otro documento se refiere al asesinato de Lumumba en este sentido: "Quiero que su destitución se lleve a cabo con más eficacia que la de Patrice [Lumumba]".

En cuanto al anticomunista Dulles, como jefe de la CIA supervisó el golpe iraní de 1953, el golpe guatemalteco de 1954 y la debacle cubana de Bahía de Cochinos. También se informa que, y aunque no estuviera directamente comprometida, "la CIA había conspirado para matar a Lumumba, posiblemente por orden de Eisenhower". Otro detalle pertinente es que en 1935,

En cuanto al anticomunista Dulles, como jefe de la CIA supervisó el golpe iraní de 1953, el golpe guatemalteco de 1954 y la debacle cubana de Bahía de Cochinos. También se informa de que, aunque no estuviera directamente implicada, "la CIA había conspirado para matar a Lumumba, posiblemente por orden de Eisenhower".

Otro detalle pertinente es que en 1935, siendo entonces empleado de Standard Oil, Dulles dispuso que el control de la Netherlands New Guinea Petroleum Company, ostensiblemente una empresa holandesa, pasara a manos de la familia Rockefeller.

Hammarskjöld quería anunciar a la Asamblea General en 1961 que desestimaría todas las reclamaciones externas sobre la soberanía de Papúa Occidental y reconocería su autodeterminación

Pero no se trataba sólo de petróleo, minerales y anticomunismo. Hammarskjöld representaba un obstáculo para los planes de Dulles sobre Indonesia y Papúa Occidental. Si hubiera tenido éxito, habría creado un gran conjunto de naciones -88 territorios coloniales a la espera de convertirse en Estados independientes- que podría haber actuado como contrapeso de los grandes rivales de la Guerra Fría y transformado la ONU en una potencia mundial mucho más representativa.

Pero fue eliminado en este momento crucial. Sólo dos días después de su muerte, el ex presidente estadounidense Harry Truman declaró a la prensa que Hammarskjöld "estaba a punto de conseguir algo cuando lo mataron. Fíjense en que he dicho 'cuando le mataron'".

El "algo" que Hammarskjöld quería conseguir era anunciar a la Asamblea General en octubre o noviembre de 1961 que desestimaría todas las reclamaciones externas sobre la soberanía de Papúa Occidental y reconocería su autodeterminación, como parte de su visión de reforzar la ONU para proteger a los pueblos indígenas. Entendía que esta medida evitaría el amenazante “enfrentamiento de superpotencias” entre Moscú y Washington, y evitaría que Kennedy tuviera que decidir entre la administración colonial de un aliado de la OTAN o el apoyo a la soberanía indonesia.

Ya había empezado a implementar su plan OPEX (Operativo y Ejecutivo) más amplio en África, pero su muerte también acabó con él. Y Kennedy eligió Indonesia.

Bajo el sucesor de Hammarskjöld, U Thant, la prioridad era la "seguridad" internacional. Margot Tudor documenta la manera en que el personal de la UNTEA ayudó, a todos los niveles, a la recolonización de Papúa Occidental en 1962-63 proporcionando "un papel legitimador crucial para las aspiraciones neocoloniales de los Estados poderosos". En 1965, los papúes occidentales contraatacaron con el movimiento de resistencia conocido como OPM (Organisasi Papua Merdeka, o Movimiento Papúa Libre), pero en lugar de ser presentado como una lucha desesperada por la supervivencia de un pueblo, fue descrito como el pintoresco intento de unos cuantos salvajes de derribar helicópteros lanzando napalm con arcos y flechas.

El personal de la UNTEA sofocó las protestas anti-indonesias, desestimó las graves violaciones de los derechos humanos e ignoró constantemente a los representantes de Papúa Occidental.

El racismo, no sólo de ciertos individuos, sino sistémico, en los más altos niveles administrativos, fue un elemento clave. Un libro de fotografías de sobremesa: Los cazadores de cabezas de Papúa, le proveyó un cierto entretenimiento a la Casa Blanca, confirmando la creencia de que los papúes occidentales de la "edad de piedra" eran "demasiado primitivos" para la autodeterminación. Estas opiniones fueron difundidas por el administrador nombrado por la ONU, el Dr. Djalal Abdoh.

Un funcionario estadounidense escribió en febrero de 1962: "No puedo culpar a Dutch por dudar de que los indos tengan alguna intención de permitir un plebiscito genuino dentro de cinco años más o menos. Pero ... alguna promesa Indo de este tipo es el dispositivo esencial para salvar la cara que los holandeses han estado buscando".

En 1968, un diplomático británico, I. J. M. Sutherland, comentó: "No puedo imaginar a los gobiernos de Estados Unidos, Japón, Holanda o Australia poniendo en riesgo sus relaciones económicas y políticas con Indonesia por una cuestión de principios que afecta a un número relativamente pequeño de pueblos muy primitivos".

Como muy bien sabía el personal de la ONU, los funcionarios indonesios, incluido el ministro de Asuntos Exteriores de Sukarno, el izquierdista Dr. Subandrio ("tenemos que bajar a los papúes de los árboles, aunque tengamos que arrastrarlos") sentían el mayor desprecio por el pueblo de Papúa Occidental. El personal de la ONU no podía ignorar que se trataba, con toda probabilidad, del preludio de un genocidio.

En agosto de 1968, un equipo de la ONU regresó a Papúa Occidental dirigido por el diplomático boliviano Fernando Ortiz Sans. Sólo participaron dieciséis funcionarios de la ONU, algunos de ellos personal administrativo (a diferencia de la misión de la ONU que supervisó el referéndum de 1999 en Timor Oriental y contaba con más de mil personas).

Sean cuales fueren las palabras que utilizaran, Ortiz Sans sabía que su verdadera tarea consistía en empapelar lo que estaba predestinado a suceder. "Sabemos de antemano que (...) el Gobierno indonesio, que parece no estar muy seguro de los resultados de la consulta, intentará, por todos los medios a su alcance reducir el número de personas, representantes e instituciones a consultar".

Indonesia seleccionó a 1.022 "representantes" para votar. Fueron aislados y vigilados por los militares, que dejaron claro con nuevas amenazas, bombardeos, ametrallamientos de pueblos, desapariciones, intimidaciones, detenciones, encarcelamientos, torturas y asesinatos que no se toleraría la disidencia. Las canciones entonadas en las lenguas locales constituían apoyo a un movimiento "separatista" y se castigaban con la tortura e incluso la muerte.

No hubo votación secreta. Los "representantes" tenían que levantar la mano para mostrar que deseaban unirse a la República de Indonesia: se levantaron 1.022 manos. Ortiz Sans dejó un rastro documental de su complicidad cuando reconoció en una carta oficial que se había ofrecido a mostrar al representante de Yakarta "a título personal, aquellas partes de [su] informe que pudieran ser controvertidas o crear discrepancias con el informe [indonesio]".

En noviembre de 1969, Ortiz Sans declaró ante la Asamblea General de la ONU que se había producido un "acto de libre elección" "de acuerdo con la práctica indonesia". Pero el Acuerdo de Nueva York había estipulado que la autodeterminación tenía que ser conforme a la "práctica internacional", por lo que, según las propias luces de Ortiz Sans, el Acto de Libre Elección era ilegal.

Sin embargo, la Asamblea General votó por no ratificar, sino simplemente "tomar nota" del resultado. No es difícil concluir, con el meticuloso estudio de John Saltford, que la ONU conspiró para socavar sistemáticamente el Acuerdo de Nueva York, con el apoyo de Washington, Yakarta y La Haya.

Es un genocidio sigiloso, pero no desconocido a los más altos niveles.

La ONU se ha alejado mucho de sus ideales originales y de las esperanzas de Dag Hammarskjöld. Su incumplimiento del deber ha provocado un sufrimiento indecible (en todos los sentidos) y un genocidio desatendido, frío, a cámara lenta, continuado, olvidado y silencioso. Todos estos adjetivos denotan la connivencia occidental. Es un genocidio sigiloso, pero no desconocido a los más altos niveles.

En 2006, Juan Méndez, Asesor Especial de la ONU para la Prevención del Genocidio, describió a la población de Papúa Occidental como "en peligro de extinción". Los cinco actos definidos por la ONU como constitutivos del delito de genocidio se practican en Papúa Occidental con "la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal". Estos actos son

Los datos demográficos son elocuentes. Hoy en día, probablemente más del 50% de la población es de origen indonesio, en gran parte gracias al programa de transmigración (colonización) de Indonesia, financiado por el Banco Mundial.

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El gobierno nunca ocultó su intención: crear "un solo pueblo, el pueblo de Indonesia. Las diferentes etnias desaparecerán...". En 1969, la población indígena de Papúa Occidental era de unos 809.337 habitantes, y la del vecino Estado (independiente desde 1975) de Papúa Nueva Guinea, de unos 2.783.121. En 2021, estas cifras eran de 1,8 millones y nueve millones, respectivamente.

También está bien documentado que las herramientas genocidas auxiliares, la tortura y la violación, no sólo son sistémicas sino que se utilizan como espectáculo público intimidatorio. Sin embargo, los signatarios de la Convención sobre el Genocidio siguen guardando silencio.

Estimado António Guterres, para concluir, permítame recordarle que el acto genocida c), relativo a la destrucción física de las condiciones de vida, está especialmente relacionado con el delito de ecocidio. Seguramente conocerá el papel depredador del ejército indonesio en la economía y que casi el 80% de su presupuesto procede de su actividad extractiva, en gran parte ilegal.

También es perverso, ya que una de sus fuentes de ingresos es proporcionar "seguridad" a las empresas transnacionales, por lo que azuzar el conflicto y la inseguridad forma parte del trabajo. Han arrasado casi por completo Kalimantan y Sumatra, con selvas tropicales que dicen proteger en un cínico ejercicio de conservación con una reciente alianza de la llamada OPEP (sic) con Brasil y la RD del Congo, sin ninguna referencia a Papúa Occidental.

Para ellos, la ya enormemente dañada selva tropical de Papúa Occidental es "la próxima frontera", una "selva de producción".

La destrucción de las selvas tropicales tiene otros efectos bien documentados, como la pérdida de importantes sumideros de carbono, el aumento de las emisiones de CO2, y la liberación masiva de gases de efecto invernadero

Además de infligir a sus habitantes indígenas "condiciones de vida calculadas para provocar [su] destrucción física", la destrucción de las selvas tropicales tiene otros efectos bien documentados, como la pérdida de importantes sumideros de carbono, el aumento de las emisiones de CO2 cuando los árboles talados liberan el carbono que han estado almacenando y la liberación masiva de gases de efecto invernadero cuando las tierras deforestadas se utilizan para la agroindustria. Estos tres factores son responsables de una cuarta parte de las emisiones mundiales.

Tiene previsto celebrar una "cumbre climática sin tonterías". Si lo de "sin tonterías" va en serio, le ruego que estudie y promueva la Green State Vision (Visión de Estado Verde) del Movimiento Unido para la Liberación de Papúa Occidental, gobierno provisional de la única nación del mundo que ha elaborado un programa oficial serio para proteger la selva tropical (y, por tanto, el planeta), pero que no puede ponerlo en práctica, en gran parte por lo que hicieron las Naciones Unidas hace tantas décadas.

Usted es una de las pocas personas con poder para provocar un cambio real a escala internacional. Por favor, intenten continuar el proyecto de Dag Hammarskjöld, recordando y actuando según sus palabras: "Nunca mires hacia abajo para tantear el terreno antes de dar el siguiente paso; sólo el que mantiene la vista fija en el horizonte lejano encontrará su camino correcto".

Me gustaría dar la última palabra -que debería avergonzar a todos los que han tenido algo que ver en provocar y encubrir la tragedia de Papúa Occidental- a un anciano Amungme: "¿Qué se creen que son los Amungme? ¿Humanos? ¿Mitad humanos? ¿O que no son humanos en absoluto? Si nos consideraran humanos... no se apropiarían de los bienes más preciados de los Amungme, del mismo modo que nosotros nunca hemos querido apropiarnos de los bienes de los demás". A veces me pregunto, ¿quiénes actúan de modo más primitivo?".

Atentamente,

Julie Wark (ciudadana común, de edad avanzada)

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