Entre 2019 y mediados de 2022, Chile alcanzó el status de campeón mundial del movimiento anti-neoliberal. En solo tres años, el país vivió un violento estallido social pero tomó medidas audaces que sugerían que tenía las herramientas y la motivación social para sacar a Chile del círculo vicioso de desigualdad producido por las estructuras erigidas por Augusto Pinochet, que se mantuvieron intactas por décadas.
Observadores internacionales llegaron a conjeturar que Chile, la cuna del neoliberalismo, sería también su tumba. Se puso en marcha un complejo proceso constitucional liderado por independientes y la izquierda más progresista pero, al fracasar, en el lapso de algunos meses, el país se fue completamente para el otro lado. El septiembre del año pasado, los chilenos rechazaron rotundamente la nueva Constitución propuesta por la Convención Constituyente elegida popularmente.
Ahora, siete meses después, los chilenos eligieron una mayoría de extrema derecha para el consejo constitucional que tendrá el objetivo de volver a redactar una propuesta para reemplazar la Constitución de la era Pinochet. El domingo, 7 de mayo, el Partido Republicano – del excandidato radical a la presidencia José Antonio Kast – garantizó más del 35% de los 50 puestos del consejo, ganando así poder de veto. Junto al tradicionalista Chile Seguro, la derecha obtuvo el 56.5% de los votos. “Chile ha derrotado a un Gobierno fracasado”, celebró Kast.